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El último periodo |
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En el eremitorio de Camposampiero |

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Podemos
hablar de varios motivos por los que Antonio se retiró
al eremitorio de Camposampiero.
El primero ha sido siempre callado, pero se sabe. Después
del intenso trabajo de la cuaresma y de la Pascua,
las fuerzas del Santo estaban exhaustas.
La
segunda motivación, que expresa la Assidua (15,2)
y es repetida por los hagiógrafos sucesivos, dice
que había que suspender la predicación y
la disponibilidad para quien venía a confesarse,
con la finalidad de dejar libre a la gente para que
se ocupara de sus obligaciones rurales, ya que era
inminente el tiempo de la cosecha.
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El
tercer motivo: aislarse en una localidad tranquila
y de difícil acceso, para seguir, y quizás,
ultimar la redacción de los Sermones festivos.
El
cuarto motivo: alejarse de los ojos afectuosamente
observadores de sus hermanos paduanos, que podían
alarmarse notando sus condiciones de salud que empeoraban
y podían sufrir por ello.
La quinta finalidad, la más alta y deseada: alejarse
de la vida activa, que lo trastornaba cuando iba por
encima de ciertos niveles, para concentrarse en la oración,
en el recogimiento del espíritu, esperando la gran
cita.
Podemos hipotizar que el Santo dejó
Padua el lunes 19 de mayo, y por lo tanto su estancia
en Camposampiero duró, con el hipotético
paréntesis de la ida-estancia-vuelta de Verona,
unos 25 días.
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| La
muerte |
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NAl
final de la primavera de 1231, Antonio tuvo un ataque repentino.
Fue puesto en un carro tirado por bueyes y llevado a Padua, donde quería
ser llevado para morir. Pero cuando llegó a la Arcella,
un barrio en las afueras de la ciudad, murió. Expiró
diciendo: "veo a mi Señor". Era el 13 de junio. Tenía
36 años.
El Santo fue enterrado en Padua, en la pequeña iglesia de Santa
María Mater Domini, su refugio espiritual en los periodos de intensa
actividad apostólica.
Cuando finalizaron los funerales, el cuerpo del Santo fue enterrado en
la pequeña iglesia del convento franciscano de la ciudad.
Seguramente no fue enterrado, sino, al contrario, un poco elevado, de
manera que los devotos, cada vez más frecuentes y numerosos, pudieran
ver y tocar el arca-tumba.
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Un año
después de su muerte la fama de tantos milagros cumplidos convenció
a Gregorio IX a quemar las etapas del proceso canónico y a proclamarlo
Santo el 30 de mayo de 1232, a tan sólo 11 meses de su muerte.
La Iglesia hizo justicia a su doctrina, proclamándolo en 1946
"doctor de la Iglesia universal", con el título de Doctor
evangelicus. |
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