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La Basílica de San Antonio
Caritas Antoniana
Casa del Pellegrino

Predicador y Maestro
 


La hora de la llamada


En septiembre de 1222 tenían lugar en Forlí las ordenaciones sacerdotales de religiosos dominicos y franciscanos. Antes de que el grupo de los que tenían que ser ordenados se dirigiese a la catedral de la ciudad para recibir las órdenes sagradas por parte del obispo Alberto, se solía dirigir un sermón a los candidatos. En aquella ocasión nadie había recibido la orden antes y por lo tanto ninguno de los sacerdotes dominicos o menores presentes se había preparado. Cuando llegó el momento de hablar delante del público, todos rehusaron improvisar. Sólo el superior de Monte Paolo conocía bien las dotes de Antonio..


A. Trebbi, San Antonio predica en Forlí, 1999


El interpelado intentó esquivarlo. Pero ante la insistencia de su superior aceptó y tomó serenamente la palabra. A medida que el discurso se envolvía en sonante latín, las expresiones se hacían más calurosas y persuasivas, originales y emocionantes.

Él revelaba, aunque fuera contra su voluntad, la profunda cultura bíblica y la comprometente espiritualidad.


Conmoción, regocijo, y sobre todo admiración de los que lo escuchaban. Después tuvieron lugar las sagradas ordenaciones y se desarrollaron según el programa los trabajos de la audiencia capitular. Pero a esas alturas todos prestaban atención al fraile portugués, olvidado ermitaño, que de forma impensable se había convertido en el centro de atención de su hermandad. Sólo subió a Monte Paolo para decir adiós a la gruta, para volver a abrazar a sus hermanos, encomendándose a su oración.


Antonio predicador    


San Antonio inició de esta forma su misión de predicador en Romaña. Hablaba con la gente, compartía la existencia humilde y atormentada, alternando el trabajo de la catequesis con la obra pacificadora; enseñaba ciencia sagrada a sus hermanos franciscanos, hacía confesiones, se batía personalmente o en público con los que sostenían herejías.

Romaña, en la época del Santo y durante siglos después, era un paraje atormentado por una guerrilla civil endémica. Las facciones, mayores y menores, envenenaban las ciudades y los clanes familiares, disgregaban las estructuras comunales y sembraban por todas partes donde se sospechaba, conjuros, golpes de mano, venganzas. Como si no fuese suficiente esta maldición, también en el plano religioso se padecía la calamidad de las sectas, la primera de todas, en sus ramificaciones, la cátara.


P. Annigoni, San Antonio predica a los peces, detalle, 1981


La vieja Iglesia reaccionaba escasamente y tarde, a causa de su mediocridad espiritual. Tenían por lo tanto un buen juego los herejes que difundían teorías falsas y dudas peligrosas.

Precisamente en Rimini tuvo lugar en 1223 el episodio que nos ha hecho llegar la tradición, según el cual San Antonio ganó la terquedad de un hereje que no quería creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Teólogo en Boloña

Después de la revelación de Forlí, después de que por invitación de sus superiores fuese enviado a predicar por las ciudades y los pueblos de Romaña, hacia finales de 1223 a Antonio se le pidió también que enseñara teología en Boloña. Durante dos años, a la edad de 28-30 años, enseñó como teólogo las verdades de la fe al clero y a los laicos, a través de un método simple y eficaz. Partía de la lectura del texto sagrado para llegar a una interpretación que interpelara y hablara a la fe y a la verdad de los que lo escuchaban.

San Antonio es por lo tanto el primer enseñante de teología de la recién nacida orden franciscana, el primer anillo de una cadena de teólogos, predicadores y escritores, que a través de los siglos dieron y dan honor a la Iglesia.

"Antonio, mi obispo"

Francisco de Asís no quería que sus frailes se dedicaran al estudio de la Teología. Esta indicación fue referida también en la regla de vida. Pero para San Antonio, vistas su sólida fe y su integridad moral, hizo una excepción concediéndole enseñar a sus frailes.

Hoy en día está completamente probada la sustancial autenticidad de la breve carta que el 'Pobrecillo' le hizo llegar.

He aquí el texto.

"A Fray Antonio, mi Obispo, Fray Francisco le desea salud. Me gusta que enseñes teología a nuestros frailes, con la única condición que el estudio no apague el espíritu de santa oración y devoción, según está escrito en la Regla. Cuídate".

 

U. Oppi, San Francisco da a San Antonio el encargo de enseñar teología a los frailes, 1939 El gran franciscanista Raoul Manselli, ve en esta carta que autorizaba a Antonio a enseñar sagrada teología a los frailes, un "texto de importancia" que "tiene un valor y un significado esencial para toda la historia de la Orden, y hay que entenderlo y explicarlo, por lo tanto, con toda su importancia".
Antonio en su apostolado itinerante, tanto en Italia como en Francia, unió a la intensa predicación la formación catequista de las nuevas quintas del movimiento de los menores: "tenía por lo tanto que haber recibido ya la autorización que la breve carta de Francisco concedió en términos tan sintéticos, rigurosos y muy formales".

   


Una de las preocupaciones que llevaban a San Francisco a mirar con escepticismo el estudio, estaba representada por la divergencia que él notaba, entre lo que la cultura teológica enseñaba y cómo se vivía de forma distinta.

Teólogo por encargo de sus compañeros

Fueron sus hermanos los que le pidieron a San Antonio que pusiese en marcha el estudio de la teología y que enseñara.

Estos hermanos, viviendo en contacto con las almas, estaban alarmados y disgustados por la situación de inferioridad de la joven Orden franciscana, llamada por un creciente grupo de fieles a cubrir, junto con los dominicos, los grandes vacíos dejados por el clero diocesano en la guía pastoral y en la catequesis.

La iniciativa imitaba a la misma institución, aprobada por la Orden gemela de los Predicadores, los cuales habían abierto en Boloña un estudio teológico desde 1219, cuando todavía vivía Santo Domingo.


Una lección de San Antonio    


Cómo eran las lecciones del teólogo Antonio?

Según el método de la época, usado también por el Santo, en sus explicaciones prevalecía el sentido alegórico. También es constante la referencia a la Biblia.

LEl estilo se basaba en
- la claridad de los conceptos,
- la esencialidad de expresión que huía de inútiles redundancias,
- la preocupación de ser persuasivo y práctico, el cuidado de implicar por completo a la persona (además de la razón, también el sentimiento y la imaginación)
- la traducción de los dictámenes en lo vivido cada día.


Anónimo, San Antonio escribe los Sermones

Doctor de la Iglesia

Entre sus contemporáneos y en las generaciones inmediatamente sucesivas, el Santo fue considerado un maestro de sabiduría cristiana, biblista incomparable, autor de obras ilustres.

Un historiador dice que San Antonio poseía un talento tan eminente que podía usar la memoria en lugar de los libros, y que sabía expresarse con una gran abundancia de lenguaje místico [...]. La profundidad insospechada de su hablar hacía que creciera el asombro de la gente que lo escuchaba (Assidua). Toda la curia romana tuvo la oportunidad de escucharlo y el mismísimo Gregorio IX lo llamó Arca del Testamento.


El Greco, San Antonio, siglo XVI

Fue en ocasión del VII centenario de la muerte del Santo, 1931, cuando se inició en la Congregación de los Ritos, en Roma, la investigación y discusión sobre el doctorado de San Antonio, en los siguientes términos:

"Se trata de confirmar el culto de Doctor tributado durante siglos a San Antonio de Padua y se trata de extenderlo a la Iglesia universal...".

Tocó al papa Pío XII el honor de concluir afirmativamente el proceso histórico-jurídico, cosa que cumplió el 16 de enero de 1946 con el Breve Apostólico Exsulta, Lusitania felix: San Antonio es Doctor de la Iglesia con el título de "doctor evangelicus".

No debe parecernos raro el retraso, algo más de siete siglos, sufrido por San Antonio antes de acceder al culto de Doctor. De hecho, el reconocimiento apostólico no era otra cosa que la confirmación de una praxis consolidada en la Iglesia desde los años inmediatos a la muerte del Santo.



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