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En el norte de Italia
 


Ministro provincial

L. Canozzi, Taracea con San Antonio, 1974-77


San Antonio era muy estimado por sus hermanos franciscanos: así a los ya numerosos deberes se le añadió el encargo de ministro provincial del norte de Italia, incluida Romaña. ¿Quién le dio dicho encargo? La historia en este caso nos da pocos testimonios. En cuanto a la duración, la mayor parte de los estudiosos antonianos sostienen la hipótesis de que duró unos tres años, de 1227 a 1230.

También en esta nueva tarea, Antonio destacó por su espíritu y su servicio de fraternidad, sosteniendo, estimulando y guiando a sus hermanos, con el ejemplo y con las admoniciones.

Una fuente cierta nos dice que fue superior provincial hasta mayo de 1230.


La amistad con Tomás de San Víctor


En su actividad de ministro provincial de Italia septentrional se supo mantener fiel al carisma de San Francisco poniéndolo en la compleja y cambiante realidad de los tiempos y lugares. Con las estructuras jerárquicas cultivó relaciones de verdadero católico, evitando conflictos y alimentando un clima de armonía. Es prueba de ello la participación personal del obispo de Padua en la cuaresma antoniana de 1231, como tampoco fue un hecho al azar que la canonización rápida del Santo no estuviera dificultada por propuestas o limitaciones.

Un segundo objetivo de la acción pastoral volvía a proponer armonizar la actividad de la recién nacida orden franciscana con la de las viejas órdenes religiosas. Siguiendo su estancia en Francia, lo habíamos dejado en Solignac, donde fue acogido como en su propia casa por los monjes.

Mantuvo también una buena relación con los antiguos hermanos agustinos. Haciéndose franciscano, Antonio no quería cortar con el pasado; al contrario, mantuvo todo lo válido que había recibido y amado en aquellos años en San Vicente y en Santa Cruz. No en vano su relación de amistad más intensa, durante sus años en Italia, fue con el parisino Tomás de San Víctor, abad de San Andrés en Vercelli.

Antonio, ya elegido superior, visitando las comunidades menores, tuvo la posibilidad de ir a Vercelli, donde se quedó algunas semanas para predicar y encontrarse con Tomás de San Víctor. Éste había llegado a Vercelli en 1220, había sido nombrado prior de San Andrés en 1224, y obtuvo el título de abad en 1226.

No se puede dudar de la fiel amistad que unió, en la vida y en la muerte, a Antonio y al abad Tomás. Las fuentes presentan a los dos santos en una recíproca relación de maestro-discípulo, de igual a igual, de maestro a maestro, a través de intercambios de experiencias intelectuales.

Apóstol de paz

En Padua, durante el corregimiento del veneciano Giovanni Dandolo (29 de junio de 1229 - 28 de junio de 1230) la calma y la paz tan deseadas florecieron en la región. Pero, oigamos que nos dice un contemporáneo, el notario paduano Rolandino:

"Durante un año más o menos las ciudades de la Marca Trevisana gozaron de tal paz, que casi todos estaban convencidos de que a partir de aquel momento no habría más estados funestos y guerras en la región. Unos religiosos animaban espiritualmente a casi toda la población, elevándola a las realidades celestes a través de la predicación. Y fue en aquel momento, entre otros religiosos y justos, que llegó el beato Antonio, y en diferentes localidades de la Marca anunció la palabra de Dios con voz cautivadora".



La redacción de los Sermones
   


La Assidua, la primera biografía de San Antonio, afirma que Antonio escribió sus Sermones para los domingos durante una estancia en Padua, donde también nació un profundo afecto entre sus habitantes y él, pero en vano buscaremos una expresión cronológica precisa, ya que el "cuando" no lo sabemos con precisión. En cuanto al lugar de residencia, es Santa María Mater Domini. Ninguna base documental apoya la candidatura de la Arcella, ubicación que defienden varios estudiosos de la vida de Antonio, pero que no aportan ninguna prueba. La Assidua (11,7), hablando del incansable celo por las almas que pedía Antonio para darse por completo al apostolado, añade que él seguía con el trabajo pastoral hasta que caía el sol, muy a menudo quedándose en ayunas. Predicaba, enseñaba, escuchaba las confesiones. En su apostolado, San Antonio estaba acompañado por algunos compañeros, y en el último periodo por el beato Lucas Belludi.


Página de un manuscrito de Grottaferata

Predicador apostólico

Fue en ocasión del capítulo general de 1230, que tuvo lugar durante la traslación de los restos de San Francisco a la nueva Basílica levantada en su honor, que fray Antonio de Lisboa fue liberado de sus ocupaciones por el gobierno de la orden.
Por la grande estima de la que gozaba por parte de los responsables de la Orden menor, se le concedió la nueva tarea de "predicador general", con la facultad de dirigirse libremente a cualquier parte creyese oportuno, y fue elegido previamente, con otros seis hermanos franciscanos, para representar a la Orden delante de Gregorio IX.

En la evolución del franciscanismo

¿Tuvo Antonio contactos personales con Gregorio IX? ¿Cuándo y por qué motivo tuvo que ir a la curia papal? ¿Qué posición tomó en las cuestiones que concernían a la evolución de la Orden? ¿Qué tipo de relaciones tuvo con el líder franciscano, fray Elías? Las fuentes nos indican una única cuestión urgente de familia en la cual estuvo implicado el Santo: la que constituyó el problema-crisis del capítulo general de Asís de mayo de 1230. O sea, qué valor jurídico había que atribuir al Testamento dictado por el fundador, San Francisco, poco antes de su muerte. Y cómo se podían solucionar las dudas provocadas por algunos puntos de la Regla franciscana, que en la rápida y vertiginosa evolución de la Orden suscitaba perplejidad y tensiones. Antonio formó parte de la delegación designada por el Capítulo general para debatir dichas cuestiones y pedir consejo al Pontífice..

Durante esa estancia, parte en Roma, parte en Anagni, Antonio se dio a conocer en altísimo lugar por la eminente santidad y la extraordinaria ciencia bíblica, y esto en los coloquios privados con los diversos dignatarios, y no fue menos en las reuniones, en las conferencias espirituales y en la homilías. Por orden de Gregorio IX, Antonio dirigió un discurso a una multitud de peregrinos, llegados a la ciudad eterna desde diferentes puntos del mundo cristiano. Sucedió que, en virtud de un prodigio parecido al ocurrido a los Apóstoles el día de Pentecostés, todas las personas que lo oyeron, lo oyeron hablar en sus propias lenguas.

Una falsa tradición franciscana del siglo XIV dice que Gregorio IX invitó a Antonio a quedarse a su lado. "Él, humildemente renunciando a tal honor, para dedicarse al bien de las almas, después de haber obtenido la bendición apostólica, eligió aislarse en la Verna. Allí se quedó durante algún tiempo, consagrándose a la predicación y a la penitencia. De allí, se dirigió a Padua".


Antonio franciscano    

Trevisan, San Antonio delante del Papa

¿Qué relación había entre Antonio y los responsables de la Orden franciscana? Los hagiógrafos se preocuparon de presentar a Antonio interesado en sí mismo, como apartado del movimiento franciscano. Podemos pensar que, reinando entre los frailes, durante la fase inicial, una evidente no homogeneidad, el sentido de pertenencia era decididamente débil. En el fondo, el documento oficial, absoluto, de identidad, la Regla, era de finales de noviembre de 1223. Antonio y Elías, por índole, temperamento moral y madurez evangélica, se nos presentan como muy distantes.


Vivieron en órbitas muy lejanas la una de la otra. No sabemos qué lugar ocupaba en la piedad y en las muchas actividades de Antonio el Pobrecillo de Asís. En sus Sermones no usa nunca su nombre, lo que nos hace ver un poco de misterio, especialmente cuando se trata de una obra tan extendida y publicada después de la canonización del Seráfico. Antonio fue un moderado, que se esforzaba en conjugar la fidelidad al carisma franciscano con las solicitudes de los distintos ambientes donde llevaba su tarea pastoral.



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