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San Antonio nació en Lisboa, en Portugal,
en el año 1195. Una tradición barroca
indica la fecha del 15 de agosto como probable. Era
hijo de los nobles Martín de Bulhoes y
María Taveira; su casa estaba a pocos metros
de la catedral. En la pila bautismal de dicha catedral
le fue puesto el nombre de Fernando.
Los
primeros años de formación los
pasó bajo la culta guía de los canónigos
de la Catedral. Entre sus compañeros de estudios
había ya algunos chicos orientados hacia la elección
del sacerdocio. Seguramente nació aquí
la aspiración del joven Fernando de escoger el
servicio sacerdotal.
Pero fueron sobre todo la mediocridad moral, la superficialidad
y la corrupción de la sociedad, las cosas que
lo empujaron a entrar en el monasterio de São
Vicente, fuera de las murallas de Lisboa, para vivir
el ideal evangélico sin compromisos.
Fue acogido por una comunidad de canónigos regulares
de San Agustín.
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Entre los
agustinos
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En São Vicente se quedó durante unos dos años. Después,
molesto por las continuas visitas de los amigos, con los que ya no tenía
nada en común, pidió que lo trasladaran a otro lugar,
siempre dentro de la Orden agustiniana. Antonio afrontaba de esta forma
su primer gran viaje, unos 230 kilómetros, los que separan Lisboa
de Coimbra, en aquel entonces capital de Portugal.
Fernando tenía 17 años. Llegaba a un ambiente donde tenía
que convivir con una comunidad numerosa de unos 70 miembros durante 8
años, de 1212 a 1220.
Fueron años importantísimos para la formación
humana e intelectual del Santo, que podía confiar en sus buenos
maestros y en una rica y actualizada biblioteca.
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Fernando si dedicó completamente al estudio de las ciencias humanas
y teológicas, también para alejarse de las tensiones que atravesaba
la comunidad religiosa. Los años transcurridos en Santa Cruz de Coimbra
dejaron una huella profunda en la fisonomía psicológica y
en el perfil existencial del futuro apóstol.
Ya por carácter se nos presenta como un hombre apartado, celoso
de su secreto, cerrado en sus cosas de trabajo que le dejaban poco tiempo
libre. Se convirtió, por libre elección, en un hombre sin
ambiciones sociales; reacio a cualquier tipo de ostentación y
exhibición de sí mismo y de sus dotes, desconfiado de las
polémicas, indiferente a las exterioridades de cualquier tipo,
a excepción de cuando lo tenía que hacer por deber del testimonio
evangélico.
De Coimbra salió hecho un hombre maduro. Su cultura teológica,
nutrida por la Biblia y la tradición patrística, había
llegado a un punto definitivo. |
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Fernando sacerdote
En Santa
Cruz Fernando fue ordenado sacerdote; la ordenación le fue
conferida en la canónica de Santa Cruz de Coimbra, probablemente
en 1220. Para el joven Fernando se desatendió la norma eclesiástica
que fijaba en un mínimo de 30 años la edad para tener acceso
al sacerdocio.
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