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La misión en Francia |
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Francia sedienta de paz
Una
tierra que quema, un pueblo en la tormenta. Así
se encontraba la zona meridional de Francia en los tiempos
de San Antonio. La causa de tanta inquietud se debe
atribuir a las luchas políticas y sociales entre
católicos ortodoxos y a la secta de los albigenses
arraigada en esta región desde hacía años.
El Papado, aliado con el poder temporal en el que había
visto la ventaja económica, combatió la
herejía. Pero de nada valieron las persecuciones,
la guerra duró 20 años.
Quien de verdad hizo que las personas abrazaran otra
vez la vieja fe, fue el testimonio multiforme y la palabra
persuasiva de los cistercienses, dominicos, franciscanos,
que dieron lo mejor de sí en esta obra de reconciliación
con la verdad en la caridad. Entre ellos, eminente,
la figura de nuestro Santo.
Donde
llevar a cabo la batalla
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No se tienen ni muchas ni ciertas noticias del periodo
francés de Antonio. Hay, sin embargo, un término
fijo, el año 1226.
Antonio fundó el convento franciscano de Limoges.
Los antonianos anticipan al final de 1224 su paso de Italia
al sur de Francia.
Proveniente de Boloña, Antonio pasó por
Provenza, por Languedoc, por Limoges, por Berry.
Antonio encontró una región atormentada
por la herejía albigense, martirizada por la cruzada,
que se convirtió pronto en un juego de poder.
Hasta enero de 1217, el papa Honorio III había
exhortado a los profesores de teología de París
a dirigirse en medio de los albigenses.
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Antonio
fue enviado, probablemente con un grupo de menores,
como refuerzo cualificado, y esto por sugerencia
de la dirección central de la Orden, sensibilizada
por el problema de los frailes residentes ya en aquella
zona, como por las presiones de la curia papal.
TEncontramos a Antonio que enseña teología
y predica en Montpellier, importante centro universitario
y punto fuerte de la ortodoxia católica, donde
dominicos y franciscanos recibían adecuada formación
pastoral-intelectual con la finalidad de predicar contra
los herejes esparcidos en los territorios cercanosi.
Arles:
San Francisco aparece mientras Antonio predica
El
hecho es cierto, pero la fecha no está clara.
El historiador Tomás de Celano, recuerda a Juan
de Florencia, elegido por Francisco ministro de los
menores de Provenza, que celebró una asamblea
capitular, o en la segunda mitad de 1224, o en la primera
mitad del año siguiente, durante la cual Antonio
hizo un intenso sermón sobre la Pasión
de Cristo. Mientras él hablaba, fray Monaldo,
vio en la puerta de la sala donde estaban todos reunidos
"al beato Francisco suspendido en el aire con las
manos abiertas en forma de cruz, en acción de
bendecir a sus frailes". San Antonio hizo su sermón
sobre el misterio de la Crucifixión de Cristo,
especialmente sobre la inscripción Jesús
de Nazaret Rey de los Judíos (Jn 19.19).
Es
muy probable que el Santo, siempre atento al esquema
litúrgico, se haya inspirado, para elegir el
argumento de su sermón, en el momento litúrgico.
Por lo tanto, es obvio hipotizar que el capítulo
de Arles se haya reunido en un día señalado
por el misterio de la cruz: el viernes santo, 28 de
marzo de 1225, el descubrimiento de la cruz (Inventio
crucis), el 2 de mayo del mismo año; pero también
se puede pensar (y sería sugestivo y más
que gratuito) a la Exaltación de la
Cruz del 24 y por lo tanto cuando los estigmas ya
habían sido grabados en las carnes de San Francisco.
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Antonio en Toulouse y en Limoges
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Toulouse, está en el actual departamento de la Haute-Garonne. Sus
orígenes son muy antiguos. El Apostolado itinerante de Antonio
no podía no hacerse eco de un mercado de ideologías como
Toulouse. Es más que probable que en esta roca fuerte del neomaniqueismo,
el Taumaturgo haya enseñado teología a los frailes. Antonio
hacia 1226 se trasladó más al norte, cerca de Limoges.
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En la iglesia
de St. Pierre-du-Queyroix Antonio hizo un sermón, que se hizo importante
por una bilocación que nos testimonió fray Juan Rigaldi. A
la diócesis de Limoges pertenece la Abadía de Solignac, en
Briance. En este monasterio también se alojó el Taumaturgo,
haciendo un prodigio en favor del monje que le hizo de enfermero.
Limoges
queda en la historia del Santo como uno de los centros más significativos.
Le dio el encargo de guardián (=superior) de los franciscanos
de la ciudad y de los alrededores. Estamos seguros de que el Santo fue
guardián de la ciudad de Limoges y de su territorio, ya que el
testimonio escrito dista sólo unos setenta años de los acontecimientos.
Una crónica
del monasterio de San Marcial de Limoges nos dice que Antonio pronunció
su primer discurso en el cementerio de San Pablo, iniciando por el salmo
29,6. Hizo un segundo sermón en el monasterio de San Martín,
hablando del salmo 54,7: ¿Quién me dará alas como
a las palomas, para volar y encontrar reposo?
Y siempre
en Limoges es donde tuvo lugar otro hecho especial. En la iglesia de St.
Pierre-du-Queyroix, hacia la medianoche del jueves santo, después
de los oficios de la mañana, tuvo lugar el sermón durante
el cual el Santo fue entre sus frailes para cantar la lectio litúrgica
que le tocaba a él.
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En Bourges, Le Puy y en otras partes
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En el año 1226 Antonio se detuvo también en Brive, y en su
tarea de guardián de los hermanos menores, fundó un convento.
Aquí el Santo encontró la paz del ascetismo y la meditación,
para confortarse de las duras predicaciones retirándose muy a gusto
en algunas grutas en las afueras de la ciudad. Aquí se dedicó
a la penitencia y a la contemplación.
Después de su muerte, su recuerdo quedó siempre vivo entre
los habitantes de Brive. Las grutas en las que estuvo se convirtieron en
lugares de peregrinación.
DDespués
de muchos sucesos, en 1874 el santuario fue recuperado por los franciscanos
y en 1895 fue consagrado de nuevo. Brive es desde entonces el centro
nacional de la devoción antoniana en el territorio francés.
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La magnífica catedral de Bourges, una verdadera joya del arte gótico,
despidió al misionero Antonio. Pero fue también a Le Puy-en-Velay,
en el actual departamento de la Haute-Loire, a los pies del monte Anisan.
No se sabe con seguridad si en este lugar realizó el encargo de
guardián de la hermandad.
No podemos
determinar la fecha del regreso de San Antonio a Italia: por qué
motivo hizo el viaje a la fuerza, quién lo llamó, dónde
residió o, si no tenía residencia alguna, por qué siguió
haciendo de misionero en peregrinación. Los hagiógrafos antonianos
fijan su regreso durante el capítulo general que tuvo lugar
en Asís en Pentecostés del año 1227, el 30 de mayo.
San Francisco
había muerto la noche del 3 de octubre de 1226: la asamblea
tenía por lo tanto que dar a la Orden un nuevo ministro general.
Como guardián
de Limoges, Antonio tenía, por dictado explícito de la Regla,
que tomar parte en el capítulo, en el que se tenía que elegir
al sucesor de San Francisco. Pero no tenemos pruebas de que asumiera este
encargo. No sabremos nunca si fue Fray Elías, el que quizá
había promovido su misión en Francia, quien lo llamó
a Italia para asignarle tareas todavía más complejas y difíciles.
No sabremos tampoco si fue fray Juan Parenti. Sabemos sólo que,
dirigiéndose hacia Italia, atravesó a pie Provenza (así
lo dice la Rigaldina 6,34).
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