Página de inicio Página de inicio Basílica de san Antonio


La Basílica de San Antonio
www.caritasantoniana.org
Casa del Pellegrino

La obediencia
 


A. Trebbi, Sant'Antonio predica a Forlì, 1999La obediencia está íntimamente ligada a la humildad, como su más inmediato descendiente.

El ver clara la propia miseria, la propia nulidad ante Dios no debilita el intelecto ni atrofia las energías de la voluntad.

¡Todo lo contrario! San Antonio enseña que la humildad ejerce un fuerte dominio sobre las pasiones.

El funcionario real, bajando a Cafarnaúm, luego de haberse postrado a los pies de Jesús para pedir que sanara al hijo, no perdió autoridad sobre los siervos que le salieron a su encuentro para anunciar la curación del hijo.

Por el contrario, la engrandeció al punto de participarles su misma fe. Observa el Santo:"Desciende también tú. ¿De dónde? Del monte al valle, es decir, de la soberbia a la humildad… Los siervos son los cinco sentidos del cuerpo, que deben estar sometidos a la razón. Si tú desciendes, los siervos te salen al encuentro y te obedecen.

Si el corazón es humilde, los sentidos del cuerpo son obedientes. De la humildad nace la obediencia.


Pensemos en uno de los episodios destacados de la vida de Fray Antonio, en el cual estas dos virtudes resplandecieron maravillosamente. Durante su permanencia en Montepaolo, cuando se percató de que los pocos frailes realizaban un trabajo manual para procurar lo necesario para la vita de la pequeña comunidad, no quiso ser dispensado, aún siendo un sacerdote. Le pareció sentirse indigno del pan que comía si no hubiera contribuido con su fatiga.

Antonio pidió al superior lavar las pocas vajillas del convento. Con serenidad y precisión el Santo realizó los trabajos que se le asignaron en la ermita. Ningún gesto, ninguna palabra que revelara los recursos de su alma, la potencia de su ingenio, la sabiduría de su mente.

Pero el 24 de septiembre de 1222, coincidiendo con las sagradas ordenaciones que se conferían en Forlí, el Señor llamó al hermano Antonio a aquel apostolado de predicación que quizás no estaba en los proyectos del Santo y que sus hermanos de Montepaolo no sospechaban en lo absoluto.

Sucedió que de modo imprevisto faltó el orador oficial y Fray Graziano, ministro provincial de Romaña, invitó a Antonio a dirigir la palabra a los asistentes. Todos aguardaban curiosos cómo se las arreglaría aquel fraile tan modesto y desprovisto. La obediencia del Santo reveló la sabiduría asimilada en años de estudio y de meditación, iluminando y fascinando las mentes de los presentes.

La obediencia, escribe el Santo, enaltece al hombre por encima de sí mismo y le ilumina el camino de la santidad, aunque si entre sus dotes la obediencia debe incluir la de ser "ciega".

La ceguera se refiere más bien a la actitud de la voluntad ante la orden del superior; pero los ojos cerrados a la propia voluntad, observa Antonio con singular intuición, se abren por gracia divina a las visiones del cielo: "No lograrás ver nunca si no eres obediente. Si serás sordo a la voz de quien manda serás también ciego. Obedece pues con el afecto del corazón para poder ver a la luz de la contemplación… Dios lleva la luz al corazón, cuando en quien obedece infunde la luz de la contemplación".

Giovanni Rigauld, con la concisión que lo caracteriza, escribe del superiorato de Fray Antonio: "Elevado a la dignidad de superior, Antonio no era ambicioso, sino que se esforzaba por pasar más bien por un simple súbdito. Por eso Dios hizo de él un fiel custodio de su rebaño, y él siempre supo defender las ovejas a él confiadas de las mordidas de los lobos y de las serpientes".

Y con evidente alusión a la Orden Franciscana, en la cual por mérito de San Francisco y de sus primeros simples discípulos comenzaban ya a entrar personas cultas, el Santo concluye: "Si en una comunidad hay inteligentes, Dios para llamarlos se ha servido de los simples. Él ha escogido lo que en el mundo es necio e ínfimo, débil e innoble, para asociar a sí mismo los sabios, los fuertes y los nobles, para que ningún hombre pueda vanagloriarse en sí mismo, sino en aquel que regresó a Nazaret y estaba sometido a ellos."

En los escritos franciscanos de la primera época no se da ninguna importancia a la distinción por clases sociales o por las diferentes profesiones que ejercían los frailes. En la nueva fraternitas de San Francisco la condición social y la nobleza de los nativos no contaban para nada. De este modo quedaba arrancada de raíz la mentalidad clasista medieval que pretendía basar la discriminación de los diferentes estados entonces en vigor incluso en la voluntad de Dios. Baste leer lo que Celano escribe sobre la convivencia de los primeros frailes con San Francisco. Estos estaban radiantes de alegría "cuando alguien - quien quiera que fuera, independientemente de su condición social, fiado, rico, pobre, noble o no, de poco valor, estimado, prudente, simple, clérigo, iletrado, laico - guiado por el Espíritu Santo, venía para vestir el hábito de la Santa Orden".

 



 Vuelve al inicio de la página           Señala esta página



© 2010 PPFMC Messaggero di S.Antonio Editrice
Via Orto Botanico 11 - 35123 Padova (Italy) - P.Iva 00226500288
email:info@santantonio.org