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El
particular franciscanismo de Antonio es un aspecto aún
por explorar del todo. Él se formó en ambientes
bien diversos, estaba dotado de temperamento, ópticas
espirituales diversas (que no es sinónimo de adversas)
para ser un satélite de Francisco, estando con él
como la luna está con el sol. También los primeros
compañeros entraron en el grupo de los "Penitentes
de Asís" en edad adulta, pero compartieron años
de vida con Francisco, recibieron su influencia, tuvieron
el modo de desarrollar sus creatividades y sus carismas,
pero en armonía con el guía, participando
en la misma aventura evangélica.
Tener
presente que no existe un "tipo conforme a la norma"
franciscana: no se es discípulo de Francisco sino de
Cristo, único maestro, con quien el propio Francisco
está relacionado. Se puede ser un llamado discípulo
del Poverello, en cuanto él mismo no tiene otro guía
que el Unigénito de Dios, único Salvador y Redentor,
única Vía-Verdad-Vida.
En su nueva condición de fraile menor Antonio llevó
su formación de canónigo agustiniano, pero asimiló
de inmediato también los valores propuestos por la
familia minorítica. Fueron justamente esos valores
los que lo iluminaron y lo hicieron entender que Dios lo quería
en otro camino. Justamente estos valores, nacidos del corazón
de Francisco y transmitidos a sus frailes, hacen de Antonio
un franciscano.
La
proveniencia extranjera de Antonio, su formación, sus
dotes, llevaron a la naciente Orden una providencial "contaminación",
casi un alma complementaria. Antonio no ha vivido la
experiencia de la primitiva fraternitas, Antonio forma
parte de una línea del minoritismo internacional
y del valle del Po, crecido más bien lejos de
la Umbría y de Francisco, madurado en la actividad
apostólica en estrecho vínculo con la curia
romana, con los frailes predicadores, con los ambientes de
estudio y con las iglesias locales.
La
novedad introducida por éstos estuvo en la asunción
directa de tareas de reforma eclesiástica, guiada por
Roma, extrañas a Francisco y al grupo inicial de sus
discípulos para quienes valía el testimonio
evangélico y nada más. Con ellos la línea
del compromiso pastoral de guía, enseñanza,
educación y formación en la iglesia y en la
sociedad prevalecía netamente sobre aquella pura
y simple profesión del Evangelio entre los pobres
y los marginados en una vida de servicio y de humilde sumisión.
(Rigon)
También
desde un punto de vista iconográfico se nota
la importancia de San Antonio. Después de 1230
Francisco y Antonio son representados en el mismo modo y en
las mismas dimensiones. También en los vitrales
de Asís aparecen juntos con los fundadores de la Iglesia,
es decir, con los apóstoles; diez apóstoles
acompañan a los dos fundadores de la Orden Franciscana;
en la iconografía es también curioso que con
frecuencia Antonio venga representado con la cruz del Salvador,
como San Francisco con un libro y la cruz.
Aquí
se notaban también diferencias significativas:
Francisco representa el sueño imposible y
el encuentro directo con Dios sine glossa, Antonio es "aquel
que se compara con las necesidades concretas de una doliente
humanidad en peligro, en neta contraposición con
Francisco, protagonista de episodios simbólicos donde
en cambio el interlocutor es Dios", al menos a partir
de la lectura iconográfica de los vitrales de Asís
que ofrecen claves de lectura justamente del primitivo franciscanismo.
Si Francisco muestra la herida del costado estigmatizado y
bendice, teniendo en mano un libro decorado con la cruz y
el Evangelio, Antonio con ambas manos sostiene el libro sin
ornamentos, casi como para simbolizar la cultura, la ciencia,
el mundo de los doctos.
Además
de estas repetidas lecturas históricas, ¿Cuáles
principales rasgos franciscanos podemos observar en San Antonio?
De éstos, vemos cuatro juntos: la pobreza, la condición
de misionario, la dimensión contemplativa y la eclesial.
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