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Según los pensadores antiguos, desde Aristóteles
a Cicerone y más tarde los teólogos medievales,
la virtud principal de la vida moral, que en
su significado más general sintetiza las otras
virtudes éticas es la justicia.
En
el ámbito del contenido jurídico minimal
de justicia, entendida como voluntad firme y constante
"suum unicuique ius tribuens", Antonio
enriquece el significado con préstamos derivados
de Cicerone y de San Agustín y con una sobredeterminación
de elementos bíblicos. La justicia, por
lo tanto, en su comentario a las palabras de Jesús
en el sermón de la montaña, se
perfila como la disposición del ánimo
a reconocer a cada persona la dignidad que le espera,
disposición que se expresa |
- en el
temor de Dios
- en el
culto de la religión,
- de la
piedad,
- de la
humanidad,
- en el
gozar de lo justo y del bien,
- en el
odiar el mal,
- en el
empeño del reconocimiento.
De tal amplitud
de aspectos él critica la pseudojusticia mundana y la farisaica,
que son puramente exteriores e individualistas, pero no llegan a lo íntimo
del corazón ni transforman los sentimientos malvados respecto al
prójimo. La observancia farisaica de una multiplicidad de leyes
y de prescripciones no está en condiciones de llevar al hombre
a la "iustitia vere poenitentium", que consiste en
la humildad del corazón, en la apertura a los hermanos, en la dulzura
del amor contemplativo.
Ésta
es, en efecto, la justicia de los santos, que se puede comparar con
un hilo de plomo con el que podemos medir e informar a nuestra vida
sobre su santidad. A la plenitud moral conseguida por los santos,
con una descripción analítica potente Antonio opone la
terrificante figura del tirano, que parecida al mítico basilisco
aterroriza y destruye toda la vida que le rodea y puede ser afrontado
y derrotado únicamente por el verdadero pobre de espíritu,
mandado por los otros a su propia madriguera por que, siendo pobre, no
tiene nada que perder.
Convendrá
releer atentamente esta página que, según algunos estudiosos,
nos acerca quizás a un corte autobiográfico de nuestro
Santo añadido a sus Sermones probablemente en Camposampiero pocas
semanas antes de su muerte. Acababa de volver de la infructuosa misión
en Verona, donde había inútilmente intentado persuadir
al feroz Ezzelino para que liberara a los prisioneros guelfos que
estaban retenidos en las cárceles lombardas.
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"También
un cierto tirano de estos tiempos, corrompido por el veneno de la
violencia, como el basilisco, extermina las hierbas con el soplo de su maldad,
oprime a los pobres; mata a las plantas, o sea los ricos de este mundo,
los mercaderes, los usureros; suprime y quema los animales, o sea a sus
familiares.
Contamina incluso el aire, desconcierta la vida de los religiosos: alza
su boca hasta el cielo y su lengua recorre la tierra (cf. Sal 72,9). Su
silbido hace horrorizar incluso a los otros reptiles, o sea a sus amigos
y compañeros, que conocen bien sus atrocidades. |
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Y cuando su ira explota, todos escapan y se precipitan a esconderse donde
sea, aunque sea en la pocilga de los cerdos. Un tirano si es feroz, está
fuera de sí y lleno del espíritu diabólico, puede
ser derrotado sin embargo por las comadrejas, o sea por los pobres de espíritu,
que no temen nada porque no tiene nada que perder. Y los hombres, esclavos
de las riquezas terrenales, no teniendo el valor de acercársele,
mandan a los pobres a la cueva donde el tirano se esconde. "¡Habladle
vosotros -dicen-, porque nosotros no osamos hacerlo!".
La absoluta falta de la justicia y del derecho hace imposible cualquier
forma de convivencia civil, destruye completamente la vida. Más
que sobre las leyes humanas, Antonio pone como fundamento y norma última
de la moralidad la justicia bíblica, generada por la ley nueva
del Espíritu, perfeccionada por las bienaventuranzas del Evangelio,
ejemplada en la vida de los santos; entonces casi de forma espontánea
observaremos los mandamientos divinos, rectificando con una no sufrida ascésis
el ejercicio puro de los cinco sentidos proclives a la solicitación
del mal.
La inteligencia
humana lleva imprimida en sí misma el sello de la Trinidad que
la lleva siempre hacia la verdad y hacia el bien. Si la voluntad lo
permite con correcta intención y se abre al amor, entonces Dios
viene a vivir entre nosotros, para que también nosotros aprendamos
de él a ser buenos, justos y misericordiosos. La cosa más
importante que hay que pedir a Dios en la oración es el amor, porque
así el Padre celeste, que es el amor, nos dará lo que él
es, o sea el amor, con el que cuidaremos también nosotros a nuestros
hermanos más débiles y enfermos, como hijos del mismo Padre.
El ethos
de Antonio se refiere aquí a las alturas del evangelio de Juan,
porque en esta nueva justicia el hombre llega a la perfecta libertad,
aquella rara y envidiable condición espiritual, en la que siguiendo
dulcemente los dictámenes de la razón y acogiendo en el
corazón la caridad divina trinitaria, se gana al temor servil,
se hace libre en el amor y en la ley a sí mismo, yendo donde quiere
y haciendo lo que quiere.
No existe
una alegría tan grande como la admirable de la perfecta libertad
interior, que libremente ha sacrificado con la humildad y la mortificación
el hinchazón pasional de la soberbia y de la carne: "Si
el hombre se somete a la razón, encuentra la gracia, se hace libre,
tiene la posibilidad de ir donde quiere y de hacer lo que quiere.
-¡Oh libre esclavitud y esclava libertad! No es el temor que hace
esclavo o el amor que hace libre, sino más bien el temor que hace
libre y el amor que hace esclavo. Al justo no se le impone la ley, porque
es justamente él la ley. De hecho tiene la caridad, vive sometido
a la razón, y por lo tanto va donde quiere y hace lo que quiere...
No hay alegría más grande que la libertad: pero no
podrás disfrutarla si no doblarás el cuello a la soberbia
a la cadena de la humildad, y no cerrarás los pies de los afectos
carnales en los cepos de la esclavitud ".
En esta
última etapa de la vida moral que abre ya el inicio de una experiencia
mística, nuestro Santo ve el compenetrarse recíproco de
la ley, de la libertad, del amor, porque es justamente el amor
de Dios que libera al hombre de cualquier tipo de esclavitud y lo hace
plenamente libre en el bien.
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