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Discípulo de Agustín
 


Altichiero da Zevio, Sant'Agostino, 1374-78El Antonio teólogo, deudor de San Agustín en el pensamiento, pero muy personal y original, sabe conjugar la luz de la inteligencia y el afecto del corazón, la búsqueda de la especulación con el ejercicio de la virtud, el estudio con la oración, como decía su seráfico Padre.

Este método, introducido tan sabiamente en las escuelas del Santo, será más tarde reconocido por San Buenaventura como propio de la Orden franciscana.


Una vez alcanzada la verdad por medio de la fe, Antonio, siguiendo las huellas de Agustín y de Anselmo, emplea incesantemente la razón para "entender", para recoger la verdad abrazada y amada mediante el don de la fe (fides quaerens intellectum). Para el Santo, creer no es abandonarse en el sentido nirvánico, sino la aceptación de un continuo diálogo dialéctico entre la fe y la razón, entre el hombre y Dios.

El Antonio teólogo sigue siendo el Antonio de la profunda exigencia racional, pero es también el mejor Antonio. Por una parte, la exigencia de una racionalidad lógica se abre a la pura gratuidad de la gracia que revela y salva al hombre; por la otra, la racionalidad de Antonio se expresa en entusiasmo, en admiración, en emoción, según la más genuina tradición de la teología monástica y de San Bernardo.
La especulación mística antoniana es, como la define el propio Santo, una conversación o especulación sutil sobre las verdades celestiales, traducidas en deseo y aspiración de Dios; el acto que le permite al justo elevarse hacia el horizonte de la realidad de Dios. Un Dios que no es el filosófico, sino el Dios de la historia real del hombre, suspendida entre el pecado y la gracia, entre la salvación y la perdición, entre el odio y el amor; pero en la que la gracia, la salvación y el amor son la realidad que verdaderamente cuenta y tiene peso.

Antonio amaba meditar sobre Dios no por un ejercicio puramente intelectual. Lo testimonia el grito de "Video Dominum meum", que ponía como un sello a toda su vida. Dios es el ideal hacia el cual se orientaba toda su vida.

 



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