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¿Cómo
escribía San Antonio?
Ofrecemos
aquí una breve antología tomada de los Sermones,
para "escuchar" en vivo algunas expresiones del
pensamiento y de la espiritualidad. San Antonio escribe
inspirándose directamente en la Palabra de Dios, que
cita de memoria. Es frecuente también la referencia
a los grandes Padres de la Iglesia. Los Sermones de San Antonio
son un itinerario bíblico y de sabiduría ofrecido
a quien quiera acercarse a Dios y cambiar de vida guiado por
su Palabra.
Se
trata de breves pero intensos pasajes, entre la gran cantidad
presente en las más de 1260 páginas del volumen
de los sermones que los recoge, traducidos por
y al cuidado del padre Giordano Tollardo y editado por las
Edizioni Messaggero di Sant'Antonio La pasión
de Cristo
La
pasión de Cristo atrae a muchos hacia él, más
que todo el resto de su vida. Se cumple así lo
que dijo (Jn 13, 32): ¡Cuando seré alzado de
la tierra atraeré a todos hacia mí!
Por
cuatro motivos, a mi modo de ver, el Señor mostró
a los apóstoles las manos, el costado y los pies.
1.
Primero, para poner en evidencia que en verdad había
resucitado, y quitarnos toda duda.
2.
Segundo, para que la paloma, es decir, la Iglesia o el
alma fiel, pudiera hacer el nido en sus heridas, donde
esconderse de la presencia del gavilán que amenaza
con raptarla.
3.
Tercero, para imprimir en nuestros corazones, como
señales, los estigmas de su pasión.
4.
Cuarto, para mostrarlos rogándonos que compartamos
sus sufrimientos, para que evitemos crucificarlo nuevamente
con los clavos de los pecados.
Nos
presenta entonces las manos y el costado, diciendo: "¡He
aquí en qué modo han sido traspasadas con clavos
las manos que os han forjado! ¡He aquí el costado
del cual vosotros los fieles, mi Iglesia, habéis sido
generados, como Eva del pecho de Adán! Ha sido abierto
con la lanza, para abriros la entrada del paraíso,
que fue cerrada por el querubín con la espada resplandeciente".
En efecto, la virtud de la sangre que salía del costado
de Cristo, alejó al ángel y melló la
espada, mientras el agua que brotaba del costado extinguió
la llama.
El
Espíritu Santo
El
fuego es por su naturaleza incorpóreo e invisible;
pero, cuando prende en cualquier cuerpo asume un color diferente,
según la materia que arde. Del mismo modo, el Espíritu
Santo no se puede ver, si no por medio de las criaturas en
las que obra.
Y
todos quedaron llenos del Espíritu Santo (He 2,
4). Están llenos de Espíritu Santo, que sólo
puede llenar el alma. En efecto, el mundo entero no puede
llenarla.
Y
se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu
les concedía expresarse (He 2, 4). Quien está
henchido de Espíritu Santo habla varios idiomas.
Los diferentes idiomas son los diversos testimonios de Cristo,
como:
- la
humildad,
-
la pobreza,
- la
paciencia y
- la
obediencia.
Nosotros
hablamos estos idiomas cuando mostramos a los demás
estas virtudes en nosotros mismos. El habla es algo vivo cuando
hablan las obras. ¡Qué terminen las palabras y hablen
las obras! Estamos llenos de palabras pero vacíos de
obras, y por eso caemos en la maldición del Señor,
quien maldijo la higuera en la cual no encontró frutos
sino sólo hojas.
Escribe
Gregorio: "La ley del predicador es que realice en
los hechos lo que proclama con las palabras. En vano se
vanagloria de conocer la ley de Dios quien destruye la propia
enseñanza con las acciones". Los apóstoles,
en cambio, hablaban de acuerdo con lo que el Espíritu
Santo les concedía expresarse. ¡Bienaventurado
aquel que habla según la inspira el Espíritu
Santo y no su alma!
El
testamento espiritual de San Antonio
De
tres cosas procede la muerte o la vida:
- el
corazón,
- la
lengua y
- la
mano.
En
el corazón está simbolizado el consenso
al bien o al mal; en la lengua, nuestra expresión
con palabras; en la mano, nuestra actuación.
Si hubiésemos rechazado al Señor en estos tres
modos, pues, curando el mal con su contrario, alabémoslo
en estos mismos modos.
Reniega
con el corazón quien no tiene fe o quien consiente
el pecado mortal. Esteban dice en los Hechos 7, 35:
Habían rechazado a Moisés, diciendo: "¿Quién
te ha nombrado príncipe y juez nuestro?".
Moisés, que significa "acuático",
representa la fe, que se nutre en las aguas del bautismo,
o la gracia del arrepentimiento. La fe es la primera virtud,
es el príncipe; el juez es la gracia del arrepentimiento,
con el cual el pecador se juzga a sí mismo y condena
el mal cometido. Rechazan a Moisés y no quieren que
sea su príncipe y juez, aquellos que no tienen fe o
consienten el pecado mortal.
Rechaza
a Cristo con la palabra quien mediante la mentira destruye
la verdad o denigra al prójimo. Dice Pedro (He
3, 13-14): Ustedes en presencia de Pilato rehusaron al
Justo y pidieron la libertad de un homicida. Pilato, que
significa "boca del martillador", es la mentira
y la denigración; rechazan a Cristo quienes martillan
y destruyen la verdad con la mentira y la caridad del prójimo
con la denigración.
Además,
rechaza a Cristo con la mano quien actúa perversamente
con las acciones. Él niega a Dios con los hechos,
dice el Apóstol (Ti 1, 16). Entonces aquellos que rechazan
a Cristo en las tinieblas del pecado, que se arrepientan ante
la predicación de la Palabra de Dios, para que a la
luz de la penitencia puedan confesarlo junto con Pedro
tres veces: ¡Amo, amo, amo!
Amo
con el corazón,
por
medio de la fe y de la devoción;
amo
con la palabra,
afirmando
la verdad y edificando al prójimo;
amo
con la mano,
por
medio de un modo de actuar puro.
Elogio
del silencio y de la soledad
Dios
da la paz del alma en la soledad de la mente y del cuerpo.
De ésta se dice en las Lamentaciones (Lam 3,
28-29): se sentará solitario, y silencioso, porque
se levantó por encima de sí mismo; pondrá
su boca en el polvo.
En
esta frase están señaladas cinco cosas, necesarias
para cualquier justo:
- la
paz del alma, donde dice: se sentará; ;
- la
separación de las cosas terrenales, donde
dice: solitario;
-
el silencio de la boca, cuando se agrega: y silencioso;
- el elevarse en contemplación: se levantó
por encima de sí mismo;
- el
recuerdo de la propia fragilidad: pondrá
su boca en el polvo, para hablar de ésta, recuérdese
lo que está escrito: Porque eres polvo y al polvo
volverás (Gén. 3, 19).
La
naveta de la penitencia y de la conversión
Para
pilotear una naveta son necesarias al menos
cuatro cosas: mástil, vela, remos y ancla.
- El mástil
simboliza la contrición
del corazón;
- la
vela, la confesión de la boca;
en efecto, la confesión debe estar ligada a la contrición
como la vela al mástil;
- los
remos, las obras de reparación:
ayuno, oración, limosna;
- el
ancla, el recuerdo de la muerte.
Como
el ancla mantiene la nave para que no se vaya a pique entre
los escollos, así el recuerdo de la muerte mantiene
nuestra alma, para que no se hunda en los pecados. En
este sentido dice Siracides 7, 40: Acuérdate
de tu fin y no caerás nunca en el pecado. Quien
quiera pues pasar de la ribera de esta vida mortal a la ribera
de la inmortalidad, llegando a la ciudad de la Jerusalén
celestial, que suba a la barca de la penitencia, según
la exhortación del Apóstol (El.4,23-24)
Renováos
en el espíritu de vuestra mente
en la contrición del corazón,
y
revestios del hombre nuevo
en
la confesión de la boca,
creado
según Dios en la justicia y santidad de la verdad
al
reparar el mal con buenas obras.
El
perfume de la comunión eterna
Jesús
dice: En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Jn.
14, 2). He aquí el fruto del granado, cuyos
granos están todos cubiertos por la misma corteza,
sin embargo cada grano tiene su alveolo particular. Así
en aquella gloriosa eternidad habrá una sola morada,
pero cada uno tendrá su celda reservada, porque
diversas son las dignidades en la misma eternidad, otra cosa
es el esplendor del sol, otra el de la luna y aún otra
el de las estrellas.
De
todos modos, aun con diferentes esplendores, igual será
el gozo, porque disfrutaré de todo tu bien como mío
y tú del mío como tuyo. Un ejemplo: He aquí
que estamos juntos, y yo tengo en la mano una rosa.
La
rosa es mía, sin embargo tú disfrutas de su
belleza y de su fragancia del mismo modo que yo la disfruto.
En modo similar, en la vida eterna, mi gloria será
tu gozo y alegría; y viceversa.
En
aquel fulgor tanta será la luminosidad de los cuerpos,
que yo podré mirarme en tu rostro como en un espejo,
y tu podrás verte en el mío, y de ahí
surgirá un amor inefable. Dice Agustín:
"¿Qué amor habrá cuando cada uno
verá su propio rostro en el de los hermanos, como aquí
en la tierra vemos el uno el rostro del otro?". Cada
cosa será resplandeciente en aquel esplendor, nada
quedará oculto a los demás, nada será
oscuro.
En
el Apocalipsis 21, 18 leemos: La ciudad de Jerusalén
será oro puro, similar a cristal puro. Jerusalén
es llamada oro puro por el esplendor de los cuerpos glorificados,
que serán similares a cristal puro porque, igual que
cualquier cosa que contenga el cristal puro se ve claramente
desde afuera, así en aquella visión de paz
serán recíprocamente claros todos los secretos
del corazón, y por eso arderán de amor inextinguible,
inefable, recíproco.
En
la actualidad lamentablemente no nos amamos de verdad unos
a otros como deberíamos, porque nos escondemos en las
tinieblas, nos separamos unos de los otros en el secreto
de nuestro corazón, y así el amor se enfría
y la iniquidad abunda.
Si
no fuera así os lo habría dicho
(Jn 14, 2), es decir que si las cosas andaran de otro modo,
no os lo habría ocultado, más bien os habría
revelado francamente que allá en lo alto hay muchas
moradas. Pero sabed que os voy a preparar un lugar. Un padre
prepara para el hijo un lugar, también el ave prepara
el nido para sus pequeños. De este modo Cristo nos
ha preparado un lugar: la tranquilidad de la vida eterna;
y aún antes nos ha abierto el camino por el cual llegar
a ella. Sea Él bendito por los siglos. Amén.
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