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¿En
qué textos se inspiró San Antonio?
Como
ya se ha dicho, la primera fuente de los Sermones del Santo
es la Sagrada Escritura, la segunda es la doctrina
de los Padres. Otras fuentes menores son los dichos de
los sabios paganos, las ciencias naturales, históricas
y filológicas.
También
San Antonio, como hacían los Padres, encuentra en la
Sagrada Escritura diversos significados, y los sigue
en su interpretación. En la Sagrada Escritura, como
es conocido, se pueden tomar dos significados fundamentales:
el literal, o histórico, y el espiritual, que
como dice Santo Tomás, se basa siempre en el sentido
literal y de él se deriva. El significado espiritual
a su vez puede ser alegórico, que conduce a la
fe; moral, que guía al comportamiento justo;
y místico, que eleva a la contemplación
de las realidades celestiales.
En
sus Sermones San Antonio trata todos estos significados.
Después de haber explicado brevemente el significado
literal, se detiene un poco más en el significado
alegórico, pero se detiene sobre todo y más
ampliamente en el significado moral, con el cual desarrolla
todo su sermón. Raramente explora el significado
místico.
Por
lo general San Antonio cita la Sagrada Escritura en modo explícito
y directo, refiriendo con precisión el nombre del
libro o del autor y el texto. Algunas veces refiere la
cita sólo por su sentido. A menudo con el nombre
del libro de la Escritura señala también el
número del capítulo.
El
texto que San Antonio cita es el de la Vulgata -
es decir, la traducción realizada por San Jerónimo
y aprobada por el papa Dámaso I (siglo IV) - pero son
numerosas las variantes. El Santo cambia con frecuencia
las palabras por separado, las agrega o las omite. Esto
puede depender de las diferencias en el texto de la Vulgata
que él usaba, y nosotros no sabemos cuál fue, o también
porque citaba frecuentemente de memoria, o quizás porque
él mismo introducía pequeñas variantes
para adaptar mejor el texto al argumento que trataba en el
sermón.
Los
Padres a los que recurre con mayor frecuencia son Ambrosio,
Jerónimo, Agustín, Gregorio, Isidoro, Bernardo,
Beda, Juan Damasceno, Orígenes, y algunos otros.
Además,
recurre con frecuencia a la Glosa, también sin
citarla, ya sea la ordinaria como la interlineal.
La Glosa era el comentario que se hacía a la Sagrada
Escritura, así como también a otros textos,
al margen o entre las líneas de los antiguos códigos.
Antonio
tuvo a disposición también colecciones,
o florilegios, de las sentencias de la Escritura y de los
dichos de los Padres y de los escritores eclesiásticos,
pero no sabemos cuáles fueron.
San
Antonio cita con cierta frecuencia también máximas
o sentencias de filósofos o escritores paganos, y versos
de poetas. Entre los filósofos recordamos a Aristóteles,
a Cicerón (que él cita con el nombre de Tulio),
Séneca, Publio Siro y Catón. Los poetas recordados
son Horacio, Ovidio, Juvenal y Persio.
En
los Sermones se encuentran también algunas rimas
del medioevo, dichos y proverbios populares de
aquel tiempo.
En
lo que respecta a las ciencias naturales, el Santo
se detiene con gusto en narraciones y descripciones de cosas
y de animales; habla de anatomía, de fisiología,
de zoología, de botánica y de mineralogía.
Se refiere a Aristóteles, Solino, Isidoro (especialmente
para las etimologías).
Junto
a la exégesis bíblica aparece con frecuencia
"la exégesis de la naturaleza". El
Santo parece colocarlas al mismo nivel: ambas contienen
la revelación y la Palabra de Dios; de ambas brota
la enseñanza de la verdad, en ambas se puede entrever
el bien y el mal, lo que viene de Dios y lo que es imputable
al hombre.
El
Santo no pretende ser ni científico ni literato. Su
tarea es sólo la de enseñar el comportamiento
según el Evangelio, de inducir a vivir cristianamente
y a tender a la perfección. Cuando entre tantas que
conoce, escoge aquellas largas descripciones de animales y
su comportamiento, de monstruos fabulosos, del hombre, de
la mujer, de los órganos y de los sentidos del cuerpo,
él desea revelar el diseño divino, describir
en sus etapas una operación divino-humana que se cumple
en las facultades espirituales del hombre.
Cuando
relata las descripciones de Aristóteles, de Plinio,
de Solino, de Isidoro, de los "bestiarios" medievales,
él no se plantea el problema si y hasta qué
punto sería cierto y probado lo que sacaba de aquellas
obras. No es la narración en sí lo que le interesa,
sino lo que significa. Deleita y sobre todo instruye.
El Santo se sirve de aquellas descripciones no para hacer
ciencia o literatura, sino únicamente porque le eran
útiles en su caso, y las transcribía de obras
entonces reconocidas como científicas, aunque hoy puedan
parecernos nada más que bellas e ingenuas fábulas.
Ciertamente
tampoco Antonio podía creer que cuatro animales fueran
tan extraños y singulares como para vivir sólo
de agua (la anchoa), sólo de aire (el camaleón),
sólo de fuego (la salamandra) y sólo de tierra
(el topo). Sin embargo se detiene por más tiempo a
describir sus costumbres fabulosas e increíbles.
Pero el motivo está claro de inmediato cuando dice
que ve en el pececito al humilde penitente que vive de lágrimas,
en el camaleón al contemplativo que vive en el cielo
de la contemplación, en la salamandra al caritativo
y misericordioso que vive del fuego de la caridad, en el topo
al hombre despreciado y solitario porque reconoce ser sólo
tierra.
En
los Sermones son muy frecuentes las etimologías.
La etimología es la ciencia que estudia el origen
de las palabras. Antonio enumera las etimologías
entre aquellas "palabras elegantes y rebuscadas"
tan deseadas por los oyentes de su tiempo. Las etimologías
formaban parte de la exposición del tema del discurso,
más bien eran el primer modo de exponer el tema,
dando precisamente la definición o la explicación,
el significado "original" de los nombres, de los
términos claves.
Antonio
no pierde ocasión para explicar una etimología,
para hablar de una planta, donde vive, qué uso se le
da, qué se dice de ella, para mantener despierto al
auditorio, para inculcar la verdad a través de las
imágenes, usos y costumbres, etc. Las etimologías
de San Antonio podrían ser llamadas entonces "artificios
literarios", con frecuencia geniales. Antonio hace de
la palabra un instrumento mnemónico que imprima mejor
en la mente del auditorio su enseñanza.
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