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Una
idea fundamental vibra en los Sermones antonianos,
y es el sentido de la vida polarizada en Dios a quien
todo se debe dirigir. Para Antonio, la orientación
de todo a Dios tiene un solo nombre: "oración".
Todo conduce al denominador común de la "oración",
incluso en la variedad de la naturaleza del movimiento de
ascensión hacia Dios o de su grado de perfección.
No
hay página de los escritos antonianos de la cual no
afloren el sentido y el gusto de la oración y la capacidad
de orar. El Santo ora por "deber", pero siempre
por convicción y necesidad espontánea.
Discípulo de Agustín, el doctor de la gracia,
Antonio es el primero en practicar lo que enseña, y
no cesa de pedir en todo momento, hasta él en el acto mismo
de la predicación, la ayuda misericordiosa del Señor.
Para
el Santo la oración es ante todo una relación
de amor, que crea una íntima unión (oratio
est hominis Deo adhaerentis affectio) con la persona amada
(es decir, entre Dios y el hombre), llevando después
a conversar dulcemente con ésta (familiaris
quaedam et pia allocutio) provocando un gozo inefable,
mientras haces de luz envuelven suavemente el alma que ora.
Debido a su temperamento que necesita abrirse en lo que él
ama, Antonio es un innato espíritu en oración.
Para
él la oración es un movimiento sobre todo
del corazón que, impregnando de calor a la mente,
convierte el encuentro con Dios en una conversación
de amor.
La primacía del corazón
La
oración con Dios exige la presencia de todas las
facultades del alma, pero la primacía es
siempre la del corazón. De este modo, a la definición
corriente, Antonio prefiere la idea de la oración como
"elevación del corazón" (cor
ad sublimia investiganda attollere); pero no pasa
por alto la comprensión de la mente (investiganda),
que ilumina el corazón en su itinerario hacia Dios.
índice
Las
fases de la oración
Ilustrando
el texto paulino de 1 Timoteo 2,1: "Recomiendo, ante
todo, que se hagan peticiones, oraciones, súplicas
y acciones de gracias", Antonio diferencia cuatro
fases en la oración: la obsecratio, la oratio,
la postulatio, la gratiarum actio..
- La
obsecratio representa la primera fase de
la oración. Ésta expresa los sentimientos
del alma que quiere aplacar la ira de Dios.
- La
segunda fase, la oratio es el momento
del contacto afectuoso con Dios.
- Una
vez que ha entrado en la fase de la confianza, el alma encuentra
fácil el tercer momento, el de la postulatio,
de la petición. Antonio desea precisar que
el alcance de la petición trasciende las cosas de
la tierra, porque se extiende hacia el mismo Infinito, objeto
supremo de todo deseo. "Pedirle Dios a Dios",
ésta es, por orden de dignidad, la primera de las
peticiones en que debería basarse toda petición.
Aquí el Santo, abriendo una vez más su alma,
subraya el cristocentrismo de su oración,
que es un aspecto de aquel cristocentrismo espiritual tan
evidente en sus escritos y que él condensó
en una expresión cargada de significado: Cristo
nos ha sido dado por el Padre para que "al vivir por
él, lo amáramos; sin él vivir es morir".
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La última fase de la oración es la
gratiarum actio, la alabanza. Una alabanza
que nunca falta, porque se identifica con la caridad
misma y con la oración ininterrumpida, cual canto
perenne de gratitud que sube de la propia vida del alma
socorrida.
Texto
de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
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