Página de inicio Página de inicio Basílica de san Antonio

San Antonio
El pensamiento
el místico
Dios sobre todas las cosas
la teología mística
la contemplación
creer y amar
amor gemelo
orar con el corazón
en silencio y soledad
doctor místico

La Basílica
Mensajero de san Antonio
Querido San Antonio
Ofrendas y donaciones
Caridad antoniana
Oficina de prensa
Comunidad Web
Cultura y formación

La Basílica de San Antonio
www.caritasantoniana.org
Casa del Pellegrino

Amor gemelo
 


B. Montagna, Sant'Antonio con giglio e libro,  sec. XVEntre las virtudes, la que más conduce a la contemplación es la caridad.

Esta es la fuente inmediata de la cual brota el placer místico. Fiel al principio evangélico de que todo se resume en el amor, Antonio no titubea al decir que la esencia de la contemplación está constituida por la observación de dos preceptos "gemelos" de la caridad: "Dos cosas, el amor de Dios y del prójimo, hacen perfecto al hombre".

Son numerosos los elementos presentes en los Sermones antonianos, de los que se puede advertir la importancia que tiene el amor gemelo en la doctrina espiritual de Antonio. Esta se caracteriza por la intensidad afectiva propia de los franciscanos de la primera generación, enriquecida por un corte intelectual debido a la cultura teológica del Santo.

En la doctrina sobre el amor Antonio se inspira en Agustín y en Bernardo, en particular en el primero, pero él lo ilumina con su genio y la fecundidad de su temperamento místico.

Ante todo parte de la explicación etimológica tan de su gusto. El amor se dice dilectio porque "liga entre sí a dos personas. La dilección, que es amor de Dios y del prójimo, comienza por dos. La obligación del amor gemelo aparece en Antonio como cumplimiento de la orden divina; en su observación se resume toda la perfección de la tierra y del cielo (cf Lc 10,25-28; Dt 6,5).

El Santo acentúa el carácter preeminente del amor gemelo remitiéndose a la definición de Dios dada por San Juan: "Dios es amor" (1Jr 4,8-16). La identificación de la caridad con Dios lo lleva de inmediato a enunciar algunos principios en que se basa su doctrina sobre el amor. Primer principio: Dios es el objeto propio del amor "en sí y para sí". El amor de Dios es para Antonio lo más esencial que se pueda. Segundo principio: la caridad debe ser considerada la virtud principal, el vértice de todas las virtudes.

Los amores en el hombre

Coherente con la enseñanza divina, Antonio distingue tres tipos de amor en el hombre: el amor de Dios, del prójimo y de sí mismo, y a propósito, refiere una metáfora de San Isidoro de Sevilla, según la cual el águila pone tres huevos, dos en el nido y el tercero fuera, para no debilitarse teniendo que dar el sostén necesario a tres aguiluchos. El Santo representa en los tres huevos el triple amor de Dios, del prójimo y de sí mismo; y concluye que el hombre debe excluir del "nido de la propia conciencia" el amor por sí mismo para mantener vivos los dos primeros, por el hecho de que el amor particular (amor privatus), limitado a los placeres del mundo, es un obstáculo al amor de Dios y del prójimo. Antonio acentúa de nuevo la inconciliabilidad entre los dos amores, de Dios y de sí mismo, cuando afirma que el amor de Dios crece en la medida en que el otro disminuye.

A las personas deseosas de progresar en la vida espiritual, el Santo recomienda no vivir abandonadas a continuas preocupaciones terrenales. Porque Dios se comunica sólo al hombre que sale de los recintos de las cómodas seguridades y se pone a disposición de la acción de la gracia.

Él mismo da un ejemplo de ello. Deja el mundo, substituye las perspectivas de una brillante carrera mundana, facilitada por la consistente posición social de la familia, con el arduo camino de la cruz. A partir de este momento la vida de Antonio es una prolongada inmersión en la contemplación de Dios.

El hombre se acerca y se une a Dios en la medida en que el amor se convierte en el resorte de su conducta y "conforma" su proceder.

Contemplación y acción, vidas gemelas

Al amor de Dios y del prójimo, corresponde en Antonio, la distinción de la vida en contemplativa y activa, la primera consagrada a la unión mística con Dios, la segunda destinada a socorrer al prójimo. Naturalmente, hay una cierta subordinación de la vida activa a la contemplativa, debido a la excelencia del objeto de esta última. El amor del prójimo tiene sus bases en el amor de Dios, quien ha creado al hombre, objeto del segundo amor.

Del mismo modo en que la interdependencia esencial entre el amor de Dios y del prójimo lleva al Santo a definirlos gemelos, la subordinación de la vida activa a la contemplativa lo conduce a llamar "gemelas" a ambas vidas. Para Antonio el estado de perfección cristiana no se resuelve ni en la sola acción ni en la sola contemplación, sino en la conciliación de una y otra.

Hablando de la escala de Jacob, Antonio invita a todos a subir, porque una vez alcanzada la cima es posible contemplar a Dios y disfrutar de su dulzura. Una vez conseguida la perfección y una siempre creciente agilidad del espíritu en la intimidad con Dios, el contemplativo desciende después de aquella escala para difundir entre los demás la carga de su amor divino y consolar al prójimo. De inspiración platónica, este movimiento de ascensión y descenso o, mejor dicho, de ida y vuelta, constituye un itinerario de gran interés espiritual. La vida del hombre justo se desata en dos movimientos, de ida hacia la contemplación y de descenso a la acción. Lo exige y supone la naturaleza del amor gemelo. Los santos, escribe Antonio después de San Gregorio Magno, pasan de la vida contemplativa a la activa. No pudiendo quedarse siempre suspendidos en las esferas místicas, continúan con la acción después de la contemplación por el bien de los demás.

La vida cristiana, un canto de dos coros Maso di Banco, sant'Antonio con libro, sec XIV

La vida del cristiano es unión de oración y alabanza. La oración debe continuar con una vida donada al bien de los hermanos por la gloria de Dios.

Fray Antonio establece como una ecuación entre el obrar y el orar ininterrumpidamente. Hacer el bien y orar continuamente son dos actividades complementarias, armonizables, que glorifican a Dios como un canto de dos coros, que asciende de la vida cotidiana del creyente. La armonía unificadora es en fondo una necesidad mutua. La acción, sin la oración, no tendrá ni luz ni sabor (lucerna sine oleo, opus sine devozione).

Texto de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta



 Vuelve al inicio de la página           Señala esta página


© 2008 PPFMC Messaggero di S.Antonio Editrice
Via Orto Botanico, 11 - 35123 Padova (Italy) - P.Iva 00226500288
email:info@santantonio.org