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En
materia de teología mística Antonio tiene una
doctrina tan excelente y clásica que le hace
ocupar un lugar sobresaliente entre los mejores escritores
de mística.
La vida contemplativa que experimentó en modo profundo
se proyecta con intuiciones verdaderamente geniales,
con claridad de exposición, también en las
más altas especulaciones, sin caer jamás
en sutilezas y rigorismos en los que cayeron algunos de
la escuela de San Vittore.
Antonio tiene una espiritualidad moderada, accesible y a la
medida del hombre que él no quiere destruir. El
Santo afirma que el alma puede desear y pedir a Dios los consuelos
espirituales no como fin en el cual descansar, está
claro, sino como medio para amar a Dios con mayor facilidad
y ardor.
Las influencias
En
la concepción antoniana de la contemplación
se notan las influencias de Agustín, de Gregorio
Magno, de Bernardo de Chiaravalle. Son también
evidentes las influencias de Ricardo de San Víctor,
célebre místico del siglo XII, discípulo
de Seudo-Dionisio, cuyo pensamiento entonces comenzaba
a difundirse en Occidente por obra del abad Tomás Gallo
de Vercelas, amigo de San Antonio. Gallo apreció mucho
la ciencia mística de fray Antonio pero parece seguro
que el Santo no haya cumplido su formación teológica
con el abad Gallo. Por otra parte no se puede excluir que
haya recibido influencia seudo-dionisiana en los encuentros
con el abad.
En
más de un pasaje de los Sermones antonianos
se advierte además la dependencia de Guillermo de
Saint Thierry, ilustre abad de Claivaux y autor de la
Epístola ad fratres de Monte Dei, obra que Antonio
cree fue pertenece a San Bernardo. Sacando algunas ideas de
este libro de oro, uno de los libros fundamentales de la espiritualidad
medieval, el Santo de Padua evita aquellas expresiones
de apariencia panteísta observadas por algunos
en esta obra.
De
estos grandes maestros representativos de la espiritualidad
occidental Antonio refleja en modo notable en los escritos
y en la vida el planteamiento especulativo y afectivo.
Texto
de Antonio Giuseppe Nocilli, adaptado por p. Paolo Floretta
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