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Dios sobre todas las cosas
 


San Antonio es también un místico. No es sólo el santo más amado, el gran predicador,el escritor de los Sermones, el monje franciscano. En sus escritos y sobre todo en su vida él nos ha dejado la huella de su profundísima relación con Dios y de una original doctrina mística la cual desea ayudar a encontrar a Dios a partir del corazón, con la oración y con el amor, en el silencio y en la soledad, incluyendo también la acción.

¿Cuáles son los rasgos sobresalientes de su doctrina mística? ¿Qué influencias de autores místicos se observan en su pensamiento? ¿Qué enseña acerca de la contemplación, el amor, la fe, la oración, el silencio y la soledad, la relación entre vida activa y contemplativa?


El Greco, Sant'Antonio con libro e giglio, sec.XVISan Antonio ha sido el primer docente autorizado por San Francisco y el primer gran escritor de la Orden franciscana. Sus escritos redactados en forma de sermones - los Sermones dominicales, con un apéndice de Sermones marianos y de Sermones de sanctis (estos últimos inconclusos) - reflejan la fase doctrinal de aquella que fue la primera manifestación de la teología franciscana elaborada cuando aún vivía San Francisco, no sin una preocupación por su parte de que al favorecer de tal modo el estudio no se apagara el espíritu de la santa oración.

San Antonio define la filosofía o sabiduría del mundo "insignificante e insulsa". No porque la considerara inútil en sí misma sino porque la sabiduría del mundo se limita a satisfacer las aspiraciones humanas, las ansias de lucro y de vanagloria.

La primacía corresponde a la teología, fundada en la Sagrada Escritura. La sabiduría filosófica es la doncella de la teología. El Santo denuncia la preferencia escandalosa que algunos concedían a la filosofía y a los estudios jurídicos en perjuicio de la teología la cual se propone la salvación de las almas. Él sostiene con el ejemplo de San Pedro Damiani que preferir la filosofía a la teología hubiera sido como elegir entre Dios y el diablo.

La cultura del Santo es prevalentemente de índole sagrada. Los primeros historiadores primitivos testimonian su gran sabiduría teológica debida a la constante y diligente aplicación en el estudio de la Sagrada Escritura. Según Antonio la inteligencia de la Escritura (sacer intellectus) es superior a cualquier otra ciencia, es la única que hace al hombre verdaderamente sabio. Esta posición del Santo en relación con la filosofía no significa que él haya rechazado los principios científicos de los procesos racionales o de la técnica mental, pero en sus escritos se preocupa por subordinar la filosofía a la teología.

Pero Antonio, filósofo, está animado por otra ambición más noble, la del teólogo que se transforma en contemplativo. Él escribe que la contemplación es la más preciosa de todas las obras y todas las cosas que se puedan desear no son comparables a ésta.

Sus palabras casi nos sorprenden si pensamos que quien las escribió fue un hombre de una actividad pastoral muy intensa. Desde luego, no logramos explicarnos cómo pudo dedicarse a la contemplación él, que incluso en su breve período de apostolado no habría tenido tiempo ni siquiera para respirar.

La vida de Antonio está llena tanto de prédicas como de éxtasis, de conversaciones con Dios, de encuentros con el pueblo. El Santo de las multitudes es al mismo tiempo el Santo del silencio y de la soledad contemplativa.

Los exámenes científicos realizados en los huesos de San Antonio, en ocasión del reconocimiento de sus restos mortales efectuado el 6 de enero de 1981, confirman a partir de ciertos signos de las tibias y las rodillas que transcurría muchas horas arrodillado dedicado a la oración y a la contemplación.

La vida interior de San Antonio está en función de su incansable apostolado. Las pausas contemplativas eran con vistas al camino; es decir, está al servicio de los demás. Él pone a disposición del prójimo también y sobre todo las "rodillas".

También Antonio de Padua manifiesta la grandeza y la riqueza de su alma no tanto en su sugestiva, franca y enérgica predicación ni en su fama de taumaturgo como en la continua unión íntima con Dios.

Texto de Antonio Giuseppe, adaptado por p. Paolo Floretta.




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