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Una
mujer en Ferrara fue salvada de una terrible sospecha. El
Santo reconcilió a la consorte con el marido, un personaje
ilustre, una persona importante de la ciudad. Hizo un verdadero
milagro, al hacer hablar a un recién nacido,
que tenía pocos días de vida, y que contestó
a la pregunta que le había hecho el hombre de Dios.
Aquel
hombre estaba tan furioso a causa de los infundados celos
hacia su mujer, que ni siquiera quiso tocar al niño
que acababa de nacer algunos días antes, convencido
de que era fruto de un adulterio de la mujer. San Antonio
cogió el recién nacido en brazos y le habló:
"Te suplico en nombre de Jesucristo, verdadero Dios y
verdadero hombre, nacido de María Virgen, que me digas
en voz clara, para que todos puedan oírlo, quién
es tu padre".
Y
el niño, sin balbucear como hacen los niños
pequeños, sino con una voz clara y comprensible como
si fuera un chiquillo de diez años, fijando los ojos
en su padre, ya que no podía mover las manos, ligadas
al cuerpo con las fajas, dijo: "¡Éste
es mi padre!". Se giró hacia el hombre, y
el Santo añadió: "Toma a tu hijo y ama
a tu mujer, que está atemorizada y se merece toda tu
admiración"(SICCO POLENTONE, Vita di s. Antonio,
n. 37).
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