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Hay
un protagonista invisible, que siempre es llamado y
al que todo el mundo y hechos hacen indudable referencia:
Dios. San Antonio es presentado cada vez como su
mensajero y vicario entre los hombre y sus vicisitudes.
Las
primeras biografías de San Antonio adoptan dos
posturas de fondo muy distintas, podríamos decir
incluso opuestas.
La Vita prima (Vida primera), seguida por la Víta
secunda (Vida segunda) y por la Raymundina,
nos presentan una imagen de Antonio extremadamente sobria
y más bien sin ningún halo de milagros durante
su existencia terrenal. La Benignitas, en
cambio, y siguiendo sus pasos la Rigaldina,
no se limitan a presentar los milagros "morales",
sino que entretejen las obras y los días del célebre
apóstol de numerosos y estrepitosos prodigios.
Esta
segunda línea fue la que predominó
a lo largo del siglo XIV. Desde entonces está vigente
una especie de conspiratio de todas las fuentes hagiográficas
antonianas hacia un crecimiento del elemento taumatúrgico,
hasta casi convertir a San Antonio en una deslumbrante estrella
de milagros. ¿Cuáles son los motivos de este
fenómeno?
1.
A menudo, el halo legendario se atribuye a sucesos, que en
su origen, no tenían connotaciones milagrosas.
Para referirnos a un hecho documentado, el encuentro del Santo
con Ezzelino fue un encuentro normal entre un predicador popular
de gran prestigio en el área véneta y un hombre
político que hacía los oídos sordos a
las razones humanitarias y religiosas. En la Benignitas
el encuentro está completamente transformado: los protagonistas
se recubren de sobrenaturalidad.
2.
Otras veces, las fuentes antiguas afirman en algunos sucesos
la irrupción de un poder sobrehumano. Por lo tanto,
el toque milagroso existe. Pero éste se acentúa,
se amplifica con nuevos elementos prodigiosos. Por ejemplo,
en el milagro de la niña paduana, si nos basamos en
la primera redacción del hecho la niña se cura
lentamente. La Benignitas, retomando la explicación
del fenómeno, lo hace rápido, emocionante.
3.
Se trata de sucesos extraordinarios que se han puesto sobre
papel, haciendo referencia a la tradición oral o a
recuerdos de lectura, son relatos de distintas personas y
están llenos de detalles que no cuadran. Los hagiógrafos
más lejanos de San Antonio han recogido dichas explicaciones
como testimonio de que el suceso se había repetido.
Por ejemplo: la bilocación que la Benignitas
coloca en Montpellier durante una solemnidad no especificada,
en la Rigaldina se traslada a Limoges al jueves santo.
4.
No hay que extrañarse, ya que nos movemos más
en el mundo de la construcción que en el de las cosas
"ciertas" históricas, y así vemos
por ejemplo las narraciones, por así llamarlas,
intercambiables, atribuidas en otras fuentes a determinados
santos, y después trasladas a la leyenda antoniana.
Un único ejemplo: ¿a quién pertenece
el milagro del pie reinjertado, a San Antonio o a San Pedro
Mártir? Lo leemos tanto en los milagros de uno como
del otro santo.
5.
No faltan casos de escenificación artística.
Es bien sabido que los franciscanos de las primeras generaciones
tuvieron que luchar mucho contra los cátaros que negaban,
entre otras cosas, la presencia real de Jesús en la
Eucaristía. Y he aquí este capítulo del
apostolado antoniano traducido en una sagrada representación
y concentrado en una escena muy intensa: la mula que se arrodilla
delante de la Hostia consagrada..
6.Un
fenómeno paralelo es el de la traducción en
formas figurativas/narrativas de los pasos bíblicos.
"Dónde está tu tesoro, ahí está
tu corazón", afirmó Cristo. Este dicho
se realiza al pie de la letra en el milagro del avaro, en
cuyo pecho no se encuentra el corazón, que se encuentra
en medio de las cosas de valor y el dinero encerrados en su
caja fuerte.
La
taumaturgia es por lo tanto un género literario muy
complejo. Cada uno de los numerosos prodigios atribuidos
por los hagiógrafos a la intercesión de Antonio,
cumplido tanto en vida, como después de su muerte,
necesita un estudio especial.
Desde
un punto de vista literario estas leyendas no son una cosa
de mucho valor.
A menudo se nos ofrecen páginas inertes, llenas de
énfasis, de frases hechas, sin ningún tipo de
poesía, sin penetración psicológica ni
hacia el Taumaturgo, ni hacia los desafortunados recurrentes
a su patrocinio. Se nota más de una vez una sofocante
angustia espiritual, el prevalecer de una religiosidad egoísta
más que sincera. Pero algunos textos tan opacos
han servido para ofrecer el punto de partida de alta espiritualidad
a pintores y escultores. Un material bruto que, en la fantasía
y en las manos de Giotto, Donatello, Tiziano, El Greco, Murillo,
Tiepolo, Goya... (San Antonio ha sido muy afortunado en el
arte), supo transformarse en drama, en éxtasis, en
expresiones célebres de liberación y de dolor,
de admonición y de elevación. El arte sabe sacar
vida incluso de la muerte, sublimidad de la mediocridad.
Son
los milagros que se adaptan a un predicador itinerante,
demuestran su solicitud apasionada por la salvación
de las almas. Él vive exclusivamente en función
de vivo a través de Cristo y los hijos de Dios dispersos
en la historia, es el trait d'union entre el Redentor
y los redimidos.
Sus
cristianos, tanto en Italia como en Francia, son creyentes
en su mayor parte iniciados en la fe tanto en el campo doctrinal
como en el campo ético. Es una religión de
tradición, de ambiente, que hay que ver y estudiar
en sus términos de revelación, defendida
por las insidias de la herejía y por los vicios dominantes.
Y he aquí los milagros que ayudan a reforzar las verdades
como la presencia real de Cristo en la Eucaristía (milagro
de la mula), o subrayan la autoridad de sus enseñanzas,
(por ejemplo: los alimentos envenenados, el sermón
a los peces), o a avivar su lucha contra la usura (la macabra
explicación del avaro sin corazón).
Otras
veces encontramos a San Antonio preocupado por dar alivio
a las miserias materiales de la población, por obstruir
el paso a abusos odiosos por parte de los gobernadores
(por ejemplo: la borrascosa entrevista con Ezzelino, la historia
de los doce ladrones, la pía mujer de Provenza). Han
inspirado a insignes artistas otros eventos admirables, como
el del recién nacido que habla, el marido celosos,
el pie reinjertado, que nos presentan a Antonio defensor de
la armonía familiar. Vemos puesta en el debido relieve
la importancia de la confesión sacramental, a la que
están ligados varios prodigios de la saga antoniana.
Él
era, incluso después de haber abandonado a su familia
y la Orden de los agustinos, un hijo y un hermano afectuoso,
ligado tanto a los asuntos familiares como a la amistad (traslado
de Padua a Lisboa, aparición al abad Tomás).
E incluso era más profundo y operosa su unión
con los hermanos menores. Él se hizo cargo de su crisis,
patente en los posibles desórdenes en el urdido litúrgico
de la vida claustral, desbarató turbulencias diabólicas
que ponían en peligro el recogimiento, se ocupó
de las necesidades alimentarias de su convento, etc. (por
ejemplo: el joven novicio de Limoges, la alucinación
diabólica, la bilocación de Montpellier, la
sirvienta que va a buscar las hortalizas bajo la lluvia).
DY
estos episodios no faltan para ayudar a reconstruir la
figura histórica de San Antonio, nos desvelan
el temperamento moral, los sentimientos de solidaridad evangélica,
las preocupaciones de maestro de la fe y de garante de la
autenticidad de la vida consagrada. El milagro que más
impresiona, que casi hace una radiografía del alma
del Santo, es la aparición del Niño Jesús.
Aquí aparece el San Antonio estático, absorto
en la intimidad divina, de la religiosidad ferviente y suavemente
afectiva, con los matices y las connotaciones del gran enamorado.
Se
suele decir que los médicos especialistas, en Lourdes,
"constatan" la realidad de un determinado milagro.
La expresión no es adecuada, hay ir con cuidado.
Un médico, como tal, no tiene el deber de
constatar los milagros. En este sector, su tarea es
declarar que una curación, en el estado actual
de los estudios, no se puede explicar con sus tesis.
Puede ser que, en el futuro, la ciencia médica pueda
aclararlos con detalle.
El
milagro, lo sabe percibir sólo el creyente, en un halo
de fe.
Es otro tipo de saber, que está fuera de la ciencia
experimental. Tenemos que cultivar una actitud de silencio
adorante, haciéndonos transparentes a la luminosidad
interior, gracias a la que podemos percibir la presencia divina:
"Has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes,
y se las has mostrado a los pequeños" (Lc 10,
21)..
San
Antonio sigue donando dos tipos de gracias.
Ante todo, por un evidente designio de la Providencia, San
Antonio orienta el sentido religioso de mucha gente hacia
Cristo, sostiene la fe vacilante entre las vicisitudes
de la vida, solicita hacia el sacramento del perdón
y la Eucaristía, sorprende a quien está
lejos o desinteresado respecto a Dios con la fascinación
interior de la conversión. El Santo constituye
para muchos cristianos quizás el único punto
de referencia concreto, adecuado para favorecer y explicar
en el caos de la vida una relación con Dios.
En
segundo lugar, San Antonio amplia en el mundo el corazón
de Dios mismo, dando fe y esperanza. Problemas familiares
o de trabajo, desviaciones de los hijos o enfermedades: son
tantas las ocasiones en la vida en que los hombres se sienten
impotentes. Ahí el Santo, siempre atento durante su
vida a las necesidades de la familia, sigue siendo en la
Iglesia mediador concreto y privilegiado hacia Dios.
"Nosotros
hijos tenemos que pedir algo a nuestro Padre. Pero todo lo
que existe no es nada, más que amar a Dios. Tenemos
que pedir por lo tanto amar a Dios, sosteniéndolo en
sus miembros más débiles y enfermos, alimentarlo
en los pobres y en los indigentes. Si pedimos amor, bien,
el mismo Padre, que es Amor, nos dará lo que él
es: ¡el amor!"(Dai Sermones, vol. I, pp. 333-334).
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