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El santo amado por el
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San
Antonio es el santo más conocido y amado en el
mundo. Millones de peregrinos y devotos, de todo el
mundo, visitan cada año su Basílica en Padua.
No hay ninguna iglesia en el mundo que no tenga un altar,
una pintura, una estatua o un fresco dedicados a San Antonio.
Por no hablar de las pequeñas estatuas y de las
estampillas presentes en la casas particulares.
Numerosas
asociaciones en el mundo han nacido y desarrollan sus
obras bajo el nombre de San Antonio, llevando su presencia
sobre todo caritativa. Desde hace siglos, en todo
el mundo, millones de personas se demuestran ligadas
a San Antonio con una devoción y un amor que
no conocen ofuscación o recesiones.
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¿Por
qué este afecto, este amor tan fuerte, difundido
y espontáneo? ¿Cuál es el secreto
de esta afectuosa e incondicional confianza con el Santo?
¿Qué características presenta esta
relación especial?
Los
devotos conocen a San Antonio por lo que él hace
por ellos. Desde siempre. Antes que nada la escucha
confidente. Él es el interlocutor de los
pobres, que dialoga con cualquiera que tenga un sufrimiento
que compartir en el cuerpo o en el espíritu.
Muchos ni siquiera saben dónde nació,
su historia, su doctrina, pero lo experimentan como
protector y benefactor de sus vidas.
San
Antonio se convierte en compañero de viaje en
la cotidianidad de la vida. No es sólo un distribuidor
de gracias y de favores a quien recurrir cuando es necesario.
Es el hermano mayor, el amigo confidente, siempre
presente y disponible para las personas con todos
sus problemas, grandes y pequeños.
Los
devotos que piden luz
para la propia existencia. Le piden que ayude a quien
está perdido, que consuele a quien sufre,
que ayude a los pobres y a los olvidados.
Éstos
lo reconocen y lo aman con el lirio (la pureza
y la transparencia de vida), con el Niño Jesús
(signo de una amor tierno y disponible), el libro
(la Palabra de Dios)..
Los devotos sienten a San Antonio como el intercesor
y benefactor en nombre de Dios. San Antonio es
el rostro de la bondad auxiliadora de Dios, que
en él se desvela y se hace realidad concreta
y tangible. San Antonio es sentido también como
la misericordiosa y delicada llamada a la conversión
y a la penitencia.
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El
amor expresado en la devoción
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Además
de en la oración personal, la devoción a San Antonio se
manifiesta a lo largo de los siglos con algunas expresiones especiales
que duran todavía hoy y que a continuación repasamos de
forma breve.
La mano
en la Tumba
Es
el gesto más característico que los peregrinos cumplen
en la basílica antoniana.
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Además de expresar la necesidad de un contacto concreto con el Santo,
es un gesto de fe y de confianza, acompañado por la oración
silenciosa del corazón.
A centrar la atención sobre el Santo no es una estatua o una imagen,
que no faltan, sino su Tumba.
La
Trecena
Con
este término se entienden los trece días de preparación
a la fiesta de San Antonio que tiene lugar el 13 de junio. La Trecena
se repite todavía en nuestros días en la Basílica
y en otros santuarios antonianos o iglesias franciscanas, como también
de forma privada en muchas familias.
Pero
con este mismo término se entiende también
una oración articulada en trece puntos, que recorre
los aspectos más significativos de la vida y
de la santidad de Antonio, intercalándolos con
las oraciones
más comunes de la piedad cristiana.
El Tránsito
Celebrado
hace años con muchas y distintas oraciones y cantos, el tránsito
sigue siendo una ceremonia sugestiva. Recuerda los últimos momentos
de la vida terrena de San Antonio: viendo la muerte cercana, se hizo llevar
por un carro tirado por bueyes de Camposampiero a Padua, donde deseaba
morir. Llegado a la Arcella tuvo que detenerse y allí expiró
serenamente, confortado por la visión de Jesús.
La
muerte ocurrió el viernes, 13 de junio de 1231, cuando oscurecía.
Por esto sus hermanos de la Basílica cada viernes cuando oscurece,
con una simple pero impresionante celebración, recuerdan el momento
del tránsito.
El "Si
quaeris"
Son las primeras
palabras latinas (en español: Si buscas) con las que inicia la
oración quizás más conocida en honor a San Antonio,
y por lo tanto muy buscada por los muchísimos devotos que llegan
al Santo y que se encuentra en varios opúsculos o libretos de oración,
incluido éste.
La música al Si quaeris la hicieron los celebres
compositores de la Capilla Musical del Santo, el texto se remonta a fray
Giuliano da Spira que lo compuso en 1235, como responsorio del
Oficio rítmico (hoy llamado Liturgia de las horas) para
la fiesta de San Antonio. Se llama "responsorio"
(del latín respondère, o sea responder porque hay
un solista, que proclama o canta un texto, y le responde el coro con expresiones
iguales o de análogo contenido.
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| Protección
para los niños |
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San
Antonio tuvo una predilección especial por los niños. Entre
los milagros que realizó, cuando estaba vivo, más de uno hace
referencia a los niños.
Por esto ha arraigado la tradición de poner a los niños, desde
su nacimiento, bajo la protección del Santo.
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A esta
costumbre le sigue la de poner a los niños un pequeño sayo
franciscano para agradecer al Santo la protección recibida y
hacerla conocer a los demás.
Bendición
de los objetos
En
la Capilla de las bendiciones, a los fieles les gusta hacer bendecir
también los objetos personales.
Más
allá de las inevitables exageraciones, no se puede ignorar la
necesidad de concreción propia de la religiosidad popular y
las dolorosas experiencias que llevan a tantos fieles a pedir estas bendiciones.
A menudo se trata de objetos religiosos que se quieren llevar a casa
como recuerdo duradero y visible del encuentro de gracia ocurrido en la
Basílica; o regalar a las personas queridas para extender también
a ellos la protección del Santo. Otras veces se trata de fotos
de familiares que sufren enfermedades o padecen desórdenes en la
vida; o algún indumento, comida o bebida que llevar a quien lucha
entre la vida y la muerte.
Los
motivos que acompañan a estos humildes gestos de invocación
no se revelan completamente ni siquiera al sacerdote. Es cierto que el
valor de la fe está muy vivo y empuja a inducir a olvidarse de
las numerosas formas de ligereza y reiteración.
El pan
de San Antonio
En
algunas iglesias franciscanas o, unidas de forma especial a San Antonio,
el día de su fiesta (13 de junio) existe la costumbre de bendecir
pequeños panecillos, que después se distribuyen a los
fieles y se consumen por devoción. En algunos países son
los mismos fieles o algunos de ellos a tomar la iniciativa.
Dicha
devoción deriva sin duda de la iniciativa del "pan de los
pobres" que en el pasado era muy viva en las iglesias. Todavía
hoy, en la Basílica, realizan su labor la Caritas antoniana
y el Pan de San Antonio, dos organismos humanitarios que expresan
en modelos actuales la ayuda material hacia los necesitados.
El
acentuado y complejo fenómeno de la caridad, que va a parar al
santuario, depende sin duda de la generosidad que los peregrinos ponen
a disposición de los pobres. Pero lo que éstos cumplen es
la continuación del agradecimiento hacia el Santo tan pródigo
de consejos, ayudas y gracias. Basta recordar el conmovente episodio de
una joven madre que, después de haber visto a su hijo curarse por
intercesión del Santo, decidió ofrecer al convento durante
un cierto periodo de tiempo tanto pan como pesaba su hijo, para que pudiera
ser donado a las madres pobres.
Los mensajes-súplica
a San Antonio
Muchísimos
devotos escriben a San Antonio. "Cuando vas a la Tumba de San
Antonio tendrías muchas cosas que decir. No consigues decirlas
porque ni siquiera allí tienes tiempo. Hay mucha gente que como
tú tiene muchísimas cosas que confiarle. Querrías
dejar allí algo tuyo. Que estuviera allí, en tu sitio, para
ser recordado. Para prolongar un diálogo que el tiempo, la prisa
interrumpen demasiado deprisa".
Es
una de las confidencias de los devotos que dejan una carta, una oración,
una súplica, un mensaje, dirigidos a San Antonio. Son mensajes
que evocan una confianza enorme, espontánea, que no conoce fronteras
de idioma o nación.
Al
fondo de la Basílica los devotos encuentran una postal especial,
que pueden escribir para poner bajo la protección de San Antonio
a sus seres queridos. Una vez escrita, se deja bajo la Tumba de San
Antonio. Es una señal muy personal, que está allí,
junto a San Antonio, como para custodiar y prolongar el pensamiento de
los devotos, que ellos llevan a casa, después de haberlos compartido
y puesto bajo su proteccióni.
Se
puede llevar una postal también a aquellas personas que no han
podido venir a la Basílica, sobre todo si están solas o
enfermas. Como también es posible escribir una oración a
San Antonio a través de nuestro sito
internet especialmente dedicado a esto.
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