La
obra "Pan de los pobres" o simplemente "Pan
de San Antonio" tiene su origen en uno de los muchos
prodigios atribuidos a San Antonio, en los años
que siguieron a la construcción de su Basílica.
Un niño, dejado sólo cerca de un recipiente
lleno de agua, cayó dentro y se ahogó.
La madre, desesperada, recurrió a su fe al Santo e
hizo el voto de dar a los pobres tanto trigo como pesaba su
hijito, si el niño resucitaba (cf. Rigauld, Vita,
cap. X, 3). Y así fue.

Nació
entonces la devoción llamada "pondus pueri",
el peso del niño, con fines benéficos.
Los padres prometían a San Antonio tanto pan como el
peso de sus chiquillos, para que los protegiera de las epidemias
y de otros males. La pía práctica, disminuyó
en la edad media y después desapareció.
Sólo
hacia finales del siglo XIX renació, por mérito
principalmente de don Antonio Locatelli, difundiéndose
en todo el mundo, hasta el punto de que en muchas iglesias,
junto a la imagen o estatua de San Antonio, se encuentra la
cajita con el letrero: "Pan de San Antonio".
La
Obra Pan de los Pobres, siguiendo una inspiración de
San Antonio, promueve y se hace instrumento de caridad
hacia las personas que tienen necesidad. Es una muestra
del espíritu franciscano que hace de la marginalidad
el lugar privilegiado en el que se manifiesta el amor y la
ternura de Dios.
Un
Fraile Conventual y una monja franciscana de los Pobres acogen
a las personas que en la sede, o a través de la correspondencia,
piden ayuda para resolver sus problemas.
Además garantizan los contactos con los párrocos,
asociaciones, grupos e instituciones que se ocupan de los
pobres.
En
la sede están presentes algunos voluntarios que se
ocupan de la contabilidad, la distribución de los vales
para los comedores y de la correspondencia con las personas
que se encuentran en la cárcel.
Nuestra
sede ofrece un punto de apoyo para una vasta gama de pobreza
tanto material como espiritual. Llegan más de mil
personas al año, italianos e inmigrantes, de todas
las religiones, cultura y nacionalidad.
Nuestros
amigos son inmigrantes que buscan trabajo y casa, drogadictos,
divorciados, gente que ha salido de la cárcel, alcoholizados,
personas que están relacionadas con la prostitución
masculina y femenina, enfermos psíquicos, homosexuales,
familias con problemas, chicos que se han escapado de casa,
ancianos que, con la pensión mínima no pueden
vivir con dignidad
una lista que abarca todos los
campos y todos los rincones de la vida.
Reconocer
claramente en todos al Señor, como nos enseña
Jesús en el Evangelio (Mt 25), es fruto de una constante
búsqueda y de una intensa relación de comunión
entre los que trabajan directamente.
Intentamos
establecer con todos una relación que va más
allá de las cosas que es posible dar o hacer. A
través del contacto fraterno es posible encontrar a
Dios. Esto llena de significado nuestro servicio.
Con
mucha gente se ha instaurado una relación más
profunda de amor recíproco en el que la otra persona
dona algo de sí.
Algunos
hechos. Un señor se dio cuenta de que no teníamos
bastantes bolígrafos para escribir y sin que se lo
pidiéramos, nos trajo unos diez; una señora
alcoholizada no venía a buscar el vale para el comedor
sin traernos una flor. Nos hemos encontrado a veces en que
hemos acompañado a las puertas del paraíso a
enfermos de SIDA, algunos no creyentes, que han alcanzado
evidentes señales de serenidad: el Señor los
acoge con los brazos abiertos. Otras veces los pobres nos
donan su verdaderas historia, los dolores, las angustias de
su existencia.
La
Obra ofrece los siguientes servicios:
- El
primero de todos escuchar atentamente las necesidades de
cada uno;
- 4.000
vales para el comedor
- En
22 panaderías y tiendas nuestra gente puede hacer
la compra;
-
Al Pequeño Cotolengo de Sarmeola (Padua) se envía
un quintal de pan cada día; y también a otros
centros de asistencia;
- En
una farmacia es posible obtener medicinas;
- 60
paquetes de alimentos al mes;
- Ayudas
en dinero para paliar las dificultades presentadas por las
familias;
- 90
monasterios de clausura son ayudados por nuestra Obra;
- Varios
Institutos que ofrecen servicios a la gente pobre se dirigen
a nosotros por necesidades de todo tipo.
Sabemos
que sólo somos una señal de la caridad y
del amor de Dios que no nos deja nunca solos y vive con
nosotros. Él, presente entre nosotros (Mt 18,20), ayuda
a las personas curando las heridas de los que sufren, de los
que son pobres y están solos.
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